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30 Noviembre 2009

LOS MOCHICAS

En la costa norte del Perú se desarrollo una de las culturas mas notables que el mundo halla conocido sus testimonio refleja la grandeza que esta civilización logro en el pasado testimonio de estos logros son los reciente descubrimiento realizados en el presente siglo XX por parte de los estudiosos del pasado desde la época de tello y max uhler hasta las recientes investigaciones de alva .
Uno de los más importantes desarrollos de los estudios sobre la cultura Mochica en los últimos diez años es la cada vez más clara división entre una esfera sur y una esfera norte geográficamente separadas por la Pampa de Paiján. En estas dos áreas de la costa norte peruana entidades políticas de diferente grado de complejidad se desarrollaron entre los años 100 y 750 d.C. La adscripción de todos los Mochicas a una sola entidad política parece derivar de una falta de análisis de variaciones regionales en todos los aspectos de la cultura material, del énfasis de los estudios arqueológicos desde principios de siglo en el área de los valles de Moche y Chicama, centro de la esfera Mochica del sur, y de la escasez de colecciones comparativas de Mochica del norte. Los Mochicas del sur parecen haber sido un estado unificado que se embarco en un proceso de expansión hacia el sur durante las fases III y IV. Aun cuando los Mochicas del norte y sur siguieron diferentes líneas de desarrollo todas compartieron estrategias económicas, organizaciones sociales y prácticas y creencias ideológicas. En este artículo presentamos las evidencias disponibles para postular la división e interpretamos las circunstancias históricas y ecológicas que generaron las diferentes sendas de desarrollo.
Introducción
En los últimos años la arqueología de la costa norte del Perú, y particularmente la arqueología Mochica, han experimentado un inusitado desarrollo, especialmente a partir del descubrimiento y excavación de las tumbas reales de Sipán en 1987. El renovado interés que existe en el fenómeno Mochica se puede ver en la gran cantidad de investigaciones que hoy se llevan a cabo (Aceda y Mujica 1994), y en el número de publicaciones sobre diversos aspectos de este pueblo que aparecen cada año. Este desarrollo no está basado sólo en recientes descubrimientos, sino que es el resultado del aporte de una larga tradición de investigadores que comenzó con Max Uhle y Rafael Larco, y ha continuado con la contribución de un gran número de peruanos y extranjeros dedicados al estudio de esta sobresaliente sociedad.
Actualmente gran parte de las investigaciones sobre la cultura Mochica están dedicadas al estudio de tres grandes temas: la iconografía y la secuencia cerámica, y particularmente la estructura política regional. Una serie de recientes estudios están tratando de establecer cuántas regiones, entidades políticas o estados constituyeron el fenómeno Mochica. Tradicionalmente se aceptaba que los Mochicas fueron a lo largo de su historia un estado centralizado o una entidad política unificada y monolítica (Figura 1), controlada por una clase gobernante de sacerdotes guerreros desde una capital ubicada en las Huacas de Moche. Los Mochicas habrían difundido sus tradiciones a lo largo de un amplio territorio a través de un proceso de conquista militar. Esta concepción centralizada y expansiva está siendo cuestionada. Nuevos estudios arqueológicos sugieren que existirían contemporáneamente al menos dos grandes regiones Mochicas, una norte y otra sur, separadas por la Pampa de Paiján (Figura 2; Donnan 1990, n.d., Donan y Cok 1986).
Paralelamente se están reexaminando las peculiaridades del desarrollo de las manifestaciones culturales del fenómeno Mochica en diversas regiones, especialmente en cuanto a su secuencia cerámica. La secuencia cerámica Mochica de cinco fases, planteada por Lacro en 1948 y confirmada en numerosos estudios de colecciones y trabajos arqueológicos, si bien útil para explicar la evolución de la cerámica Mochica en la región sur (en adelante Mochica-Sur), aparentemente no tienen la misma utilidad en la región norteña del fenómeno Mochica (en adelante Mochica-Norte).
Nuevos descubrimientos y nuevas líneas de investigación han llevado a cuestionar la existencia de un estado Mochica único y unificado, y de una sola secuencia cerámica, pero a la vez han reafirmado la uniformidad de "lo Mochica" como entidad cultural. Es cada vez más claro que los Mochicas de diversas regiones compartieron a lo largo de su historia una serie de elementos en común, los cuales evitaron que las diferentes entidades políticas seconvirtieran en entidades culturales independientes.
Cuando pensamos en los Mochicas nos imaginamos una sociedad cohesionada, que compartía un ecosistema definido por los valles costeños de Piura a Nepeña (Donan 1978) y que estaba expuesta a ciclos de Niños y sequías. Es muy probable que los Mochicas hablaran una misma lengua, emparentada con la lengua Muchik (Carrera [1644] 1939); participaran en ceremonias muy semejantes, como la Ceremonia del Sacrificio (Alva y Donan 1993) y rindieran culto a los mismos dioses, especialmente Aia Paec (Lacro 1948, Castillo 1989). Una compleja jerarquización de la sociedad fue común a todas las entidades políticas Mochicas (Lacro 1938, 1939), mostrándose la posición de los individuos en todos los aspectos de la vida cotidiana; desde sus ropajes y joyería, sus armas y literas, los portadores y sirvientes que tenían, hasta su porte y musculatura que dependía, al fin y al cabo, de su dieta. Luego de su muerte cada individuo recibía un tratamiento funerario que reflejaba su posición en la sociedad a través del tipo y tamaño de su tumba y de los objetos depositados como ofrendas en ella (Castillo y Donan 1994, Donan n.d., Donan y Mackey 1978). Sabemos también que los señores Mochicas contaron con artesanos de gran experiencia, capaces de enroscar minúsculas laminas de oro y hacerlas parecer hilos (Alva y Donan 1993: Fig. 185), o de decorar ceramios y paredes con detallados diseños que mostraban ceremonias y rituales, así como animales silvestres y monstruos sobrenaturales (Uceda, et. al. 1994; Bonavia 1985; PACEB 1994). También construyeron algunos de los templos y residencias más suntuosas que se hayan visto en los Andes (Hass 1985). Si bien estos elementos nos hablan de una sociedad compleja y jerarquizada, son las semejanzas estilísticas de los artefactos producidos en diversas regiones y bajo distintas administraciones las que nos indican una tradición compartida y una fuerte interacción entre los Mochicas de diversas regiones.
Primera parte: una sola cultura mochica
La idea que los Mochicas constituyeron una sola entidad política y cultural es el resultado de las peculiaridades de la evidencia arqueológica. Para explicar como se llegó a esta interpretación queremos plantear tres fases en que las evidencias fueron colectadas e interpretadas. En la primera fase se determinó que existía una sola cultura Mochica, diferente e independiente de otras culturas prehispánicas. Esta cultura había antecedido a la irrupción de elementos asociados con el Horizonte Medio y la cultura Chimú. Esta interpretación estuvo basada en la identificación en diferentes valles de la costa norte de un repertorio de artefactos, especialmente ceramios, muy semejantes en forma y decoración, y de una comparación de este estiloe con el de objetos obtenidos en otras regiones, especialmente en la costa central.
En la segunda fase se definió que los artefactos cerámicos producidos por los Mochicas habían evolucionado en todas las regiones influenciadas por esta cultura de acuerdo a una misma secuencia, configurada por Rafael Lacro en cinco fases estilísticas. Esta secuencia estuvo basada en un estudio sistemático de grandes colecciones de cerámica, especialmente la colección del Museo de Chiclín (hoy Museo Arqueológico Rafael Lacro H.), y de superposiciones de contextos funerarios de donde provenían los ceramios. Finalmente, en la tercera fase se definió el carácter político del fenómeno Mochica. La expansión de la cultura Mochica y la difusión de su cultura material habrían sido el resultado de una sola entidad política expansiva y militarista, que durante las fases tres y cuatro alcanzó a conquistar la región comprendida entre los valles de Lambayeque y Nepeña. Signo inequívoco de este proceso era la distribución de la cerámica Mochica, especialmente de la cerámica elaborada que representaba a las clases gobernantes de esta sociedad.
• Una Sola Cultura
Las culturas precolombinas usualmente han sido definidas a través de conjuntos de objetos que comparten los mismos rasgos estilísticos, especialmente objetos cerámicos. Conjuntos de objetos con diferentes rasgos estilísticos representan diversas culturas, e interacciones entre estilos, por ejemplo cuando un estilos aparece influenciando a otro, se interpretan como interacciones entre diferentes entidades culturales. Una vez que el repertorio de rasgos ha sido definido, se estudia su distribución en el espacio para entender cuál fue el ámbito geográfico controlado o influenciado por una determinada cultura. Culturas arqueológicas son, por lo tanto, conjuntos de objetos distribuidos en el espacio, no de personas ni de las sociedades que las organizaron. El primer paso en la creación de una cultura prehispánica, entonces, es caracterizar un estilo cerámico, tanto a través del estudio de objetos en contexto, como de objetos en colecciones. Con la cultura Mochica la situación no fue diferente, y fue el peculiar origen de la muestra cerámica que se estudió lo que llevó a pensar amuchos investigadores, incluidos nosotros, que los Mochica habían sido una sola entidad cultural.
En el primer capítulo de la historia de los estudios sobre la cultura Mochica destacan tres personalidades: Max Uhle, investigador alemán que realizó las primeras excavaciones científicas en las Huacas del Sol y la Luna; Alfred Kroeber, uno de los pioneros de la antropología norteamericana que estudió en detalle las colecciones de Uhle; y particularmente Rafael Lacro, investigador peruano que dedicó su vida, y buena parte de sus recursos, al estudio de esta sociedad. Antes del trabajo de estos investigadores, si bien existían colecciones en el Perú y el extranjero que incluían piezas de esta tradición, la cultura Mochica no existía como entidad independiente. La primera tarea de estos investigadores fue, pues, aislar el fenómeno Mochica de otros fenómenos culturales, y ubicarlo en la secuencia de culturas del antiguo Perú.
Max Uhle, en sus excavaciones a principios de siglo en las Huacas de Moche, ubicó y excavó una serie de tumbas Mochicas, especialmente en las áreas definidas como sitios E y F al pie de la Huaca de la Luna (Uhle 1915, Kroeber 1925:213). Estas tumbas, lamentablemente nunca bien publicadas, contuvieron más de 680 piezas de cerámica estilísticamente muy consistentes. Muchas compartían la característica decoración pictórica en crema y ocre, y/o detallada decoración escultórica que permitían diferenciarlas fácilmente de otros estilos encontrados en el sitio, especialmente del ubicuo estilo Chimú, y del estilo Tiahuanaco encontrado por el mismo Uhle en Pachacamac en 1896 (1903). Uhle además determinó que este estilo era contemporáneo con la construcción de la Huaca de la Luna (Uhle 1915:105), por lo tanto los arquitectos de estas masivas estructuras pertenecían a la misma sociedad que había producido a los maestros artesanos que elaboraron esta fantástica cerámica.
Kroeber (1925), luego de un minucioso análisis de las colecciones de Uhle en la Universidad de California, Berkeley, caracterizó por primera vez el estilo, diferenciándolo de otros estilos encontrados en el sitio. La información estratigráfica recogida por Uhle permitía concluir que el nuevo estilo era anterior a los estilos Tiahuanaco y Chimú, por lo que Kroeber lo llama Proto-Chimú. El estilo caracterizado por Kroeber no era exclusividad de la colección de Uhle; piezas semejantes existían en otros Museos en Europa, los Estados Unidos y el Perú. Kroeber en su estudio comparó las colecciones recogidas por Uhle con colecciones existentes entonces en el American Museum of Natural History y el Peabody Museum. En estos museos Kroeber encontró ceramios con las mismas características estilísticas, confirmando que se trataba no de un fenómeno aislado, sino de un estilo consistente y difundido en la costa norte. Ahora bien, pequeñas diferencias existían entre algunos grupos de objetos, especialmente en sus formas y contenidos iconográficos, lo que hacía sospechar que existían variaciones, quizá debidas a factores cronológicos, en el estilo. Es decir que estas colecciones incluían objetos de diversas épocas. Esta sospecha no se comprobaría hasta que no se estableciera una secuencia para la cerámica Mochica.
En base a la procedencia de estas colecciones, y a informaciones recogidas durante sus propios viajes de investigación por la costa norte del Perú, Kroeber inició el estudio de la distribución espacial del estilo Proto-Chimú (Figura 3). Kroeber (1925:224-229) concluyó que el estilo Proto-Chimú "en realidad es característico sólo en [...] el área de Trujillo-Chimbote, ocurriendo infrecuentemente en las dos áreas adyacentes (Casma al sur, y Pacasmayo-Chepén al norte), y no apareciendo en lo absoluto en las dos áreas más norteñas (Lambayeque y Piura). Aún cuando estéticamente superior, Proto-Chimú permanece siendo un estilo local. Evidentemente existió durante un período de limitadas comunicaciones, probablemente de unidades políticas restringidas" (Kroeber 1925:228-229).
Las características estilísticas que Kroeber encontró en los materiales excavados por Uhle también estaban presentes en miles de piezas en colecciones existentes en el Perú, especialmente en la colección pionera que Víctor Lacro creara y que posteriormente fuera depositada en el Museo Nacional, y en la gigantesca colección que Rafael Lacro congregara en la Hacienda Chiclín. Estas semejanzas estilísticas confirmaban, como era de esperarse, la consistencia del estilo Proto-Chimú y su enorme frecuencia. Se requería en este momento de un amplio corpus de piezas cerámicas para pasar de una simple caracterización a una definición del estilo y la iconografía Mochica. Rafael Lacro, a través de excavaciones de cementerios en diversos valles de la costa norte entre Chicama y Santa (1945:30-41), y de la adquisición de colecciones menores, logró reunir la colección más grande y completa de cerámica Mochica que existe a la fecha. Fue en base al estudio de esta colección, proveniente en su inmensa mayoría de los valles de Chicama a Santa, que Lacro definió el estilo Mochica (1945:15, 1948).
El estudio de la cerámica Mochica emprendido por Lacro es radicalmente diferente al estudio de Kroeber. Kroeber analizó la cerámica Mochica solamente desde una perspectiva estilística, tratando de identificar elementos que permitieran fechar sitios y comprender la secuencia cultural de la costa norte. Kroeber estaba interesado en identificar culturas (entendidas como unidades estilísticas); Lacro estaba interesado en entender la mentalidad y la vida del hombre Mochica del pasado. Para Lacro la cerámica Mochica era primero un documento de la vida en el pasado, y sólo en segundo lugar una herramienta estilística o un instrumento cronológico. Es por esto que Lacro emprende y publica primero (1938, 1939, 1945) sus estudios interpretativos, donde describe al hombre Mochica y su sociedad, la religión y el arte, el gobierno y el culto a los muertos. Lacro entendía la totalidad de la producción cerámica Mochica como el resultado de un grupo de individuos compartiendo un mismo sistema cultural, un mismo idioma y una misma religión, y regidos por una misma élite y un mismo sistema político. No fue sino hasta 1946 y 1948 que Lacro publica su estudio de la secuencia estilística de la cerámica Mochica. Es por el énfasis en el individuo y no el estilo que Lacro denomina a este fenómeno con el gentilicio Mochica.
La acuciosidad y rigor del trabajo de Uhle, Kroeber y Lacro está fuera de duda. Lo que queda por discutir es sólo si la base de datos con que contaron estos investigadores era realmente representativa de la totalidad del fenómeno Mochica. Por lo temprano de estos estudios algunas omisiones son obvias. Kroeber, por ejemplo, afirma en 1925 que en el valle de Lambayeque las evidencias de la cultura Mochica "aún esperan ser descubiertas o por lo menos publicadas" (Kroeber 1925:228). Lacro, si bien menciona la presencia de cerámica Mochica en los valles de Piura a Casma, afirma en 1966 que en Lambayeque "es escasa la orfebrería Mochica y que tuvieron menor cantidad de oro a su disposición que los hombres de Lambayeque" (Lacro 1966b:97). Estas afirmaciones contrastan con la magnificencia de la tumba del Señor de Sipán, donde las asociaciones de los Mochicas con grandes cantidades de oro y con una fuerte presencia en el valle de Lambayeque quedan claramente confirmadas.
Es evidente, por ende, que tanto Kroeber como Lacro contaron para hacer sus observaciones con datos arqueológicos y colecciones de ceramios procedentes principalmente de los valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña. Piezas de estas regiones conformaban el grueso de la colección Lacro, y de las grandes colecciones del Museo Nacional de Lima, del Museo fur Volkerkunde en Berlín, del Museo del Hombre de París, etc. En base a estas colecciones es que se hicieron las primeras observaciones y caracterizaciones del estilo Mochica y de su secuencia cronológica. Los resultados fueron luego comparados y confirmados con otras colecciones provenientes de estas mismas áreas.
Lacro sabía de la existencia de algunos especímenes de cerámica Mochica en el valle de Lambayeque, al norte de la zona antes definida (Figura 1), pero por su reducido número los explicó en términos de "intercambio comercial y cultural entre los hombres de Lambayeque y los Mochicas. De allí que en Lambayeque, Pátapo, Pomalca y otros lugares encontremos sectores con tumbas correspondientes a Mochica III, IV y V." (Lacro 1966b:94). Kroeber, a su vez, menciona en su estudio de 1925 la existencia de 17 ceramios de estilo Mochica provenientes de Chepén, en el American Museum of Natural History (1925:225-226). Había evidencias de presencia Mochica al norte del área cultural Mochica, pero estas evidencias, por su baja incidencia y esporádica aparición indicaban una presencia de naturaleza.
En los años sesenta, con el descubrimiento de cerámica Mochica en Vicús, surge la primera posibilidad de contrastar el estilo Mochica definido a partir de evidencias de la región sur de la costa norte, con una muestra de origen totalmente distinto. Lacro encontró en las piezas provenientes de Vicús suficientes elementos en común con ceramios Mochicas de fases tempranas como para calificar a este nuevo grupo de objetos como una nueva manifestación del mismo fenómeno cultural. Lacro reconoció en estas piezas el uso de las mismas formas, especialmente el asa estribo, los mismos o semejantes motivos decorativos, la bicromía, el tamaño y el peso, etc. La procedencia de este nuevo conjunto de ceramios era, en síntesis, prueba fehaciente de que, incluso desde muy temprano, la cultura Mochica, había controlado un territorio aún más vasto del presupuesto. Las diferencias entre estos nuevos objetos y los ya conocidos para el período Mochica I en la secuancia cerámica de Rafael Lacro, no eran destacables (Lacro 1965, 1966a).
En síntesis, la consistencia y unidad de la cultura Mochica se definió a partir de las semejanzas de un enorme conjunto de ceramios provenientes tanto de colecciones y museos (Kroeber 1925, Lacro 1938, 1939), como especímenes excavados arqueológicamente (Bennet 1939, Lacro 1945, Kroeber 1925, Uhle 1915). Estas piezas demostraban una enorme consistencia estilística e iconográfica, que reflejaba la uniformidad cultural de la sociedad que las produjo. Ahora bien, esta consistencia estilística se debía a que los objetos estudiados, en gran medida, provenían de un área restringida, los valles de Chicama a Nepeña. Especímenes provenientes de los valles al norte del Chicama eran prácticamente inexistentes en estas colecciones, por lo que mal podían proporcionar evidencias de la diversidad del fenómeno cultural Mochica. La cultura Mochica descrita en la literatura es la cultura que se desarrolló en la región comprendida entre Chicama y Nepeña, es decir el Mochica-Sur. En este momento no era posible determinar si las conclusiones planteadas podían extenderse a la región norte, y hasta antes del descubrimiento de Vicús, esto era ser innecesario ya que el fenómeno Mochica parecía circunscribirse a la región sur de la costa norte.
• Una misma secuencia
Lacro no sólo tuvo acceso a la colección más grande de cerámica Mochica, él mismo excavó un gran número piezas en tumbas, dandose cuenta de sus asociaciones y relaciones estratigráficas (Lacro 1945). Estas excavaciones le dieron acceso a conjuntos de objetos de indudable contemporaneidad y a superposiciones de tumbas que reflejaban secuencias cronológicas. En base a esta información de campo y al estudio minucioso de las características formales de la cerámica, Lacro pudo establecer cinco fases sucesivas a través de las cuales evolucionó la cerámica Mochica (Lacro 1948, Figuras 4 a 9). Esta secuencia describe en gran detalle la evolución de la cerámica decorativa Mochica, especialmente de las botellas de asa estribo, a través de un minucioso estudio de aspectos formales, técnicos y decorativos.
La cronología Mochica esbozada por Lacro a principios de los años cuarenta y finalmente publicada en 1948 sirvió de base para una serie de estudios de campo que se trazaron como meta entender la prehistoria de la costa norte. El primero de estos fue el Proyecto Virú, que a partir de 1946 realizo un estudio sistemático y multidisciplinario del valle del mismo nombre. Los miembros del Proyecto Virú tuvieron acceso a las ideas de Lacro en la famosa Mesa Redonda de Chiclín, el 7 y 8 de Agosto de 1946.
Las ideas de Lacro y Kroeber fueron de mucha importancia para los jóvenes investigadores del proyecto Virú, especialmente porque el reconocimiento y la caracterización de los estilos de la costa norte planteada por estos autores se vio confirmada en sus investigaciones. La ocupación Mochica de Virú, y la variante regional del estilo Mochica en esta zona, fue denominada Huancaco, por el centro administrativo Mochica del mismo nombre. Luego de un minucioso análisis y de comparaciones con fragmentería proveniente de otros valles, James Ford arriba a la conclusión que la cerámica Huancaco de Virú es la misma que la que Lacro denominaba Mochica en los valles de Moche y Chicama (Ford y Willey 1949). Las semejanzas eran tan grandes que Ford llega a afirmar que "si muchas de estas piezas no fueron hechas por los mismos artistas o de los mismos moldes, fueron producidas por lo menos por artistas entrenados en la misma escuela" (Ford y Willey 1949:66). Ford concuerda con Lacro en que la cerámica Mochica evoluciona en Moche y Chicama de un sustrato Salinar, mientras que en Virú predomina cerámica "principalmente en técnicas de decoración negativas" (Ford y Willey 1949:66). La cerámica Mochica llega a Virú, de acuerdo a Ford, como un estilo maduro y como resultado en un proceso abrupto que se interpreta como una conquista militar que abarca los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña. El impacto de la cerámica Mochica se deja sentir con mayor fuerza en la cerámica decorada, y en menor grado en la cerámica simple, que permanece usando las mismas formas y técnicas que en el período anterior.
Duncan Strong y Clifford Evans (1952), a cargo de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por el proyecto, encontraron algunas diferencias entre la cerámica Mochica excavada por Uhle (Kroeber 1925) y Lacro (1945, 1948) y la cerámica de estilo Huancaco que apareció en Huaca de la Cruz y otros sitios Mochica de Virú. La más importante diferencia era el uso de pintura negra orgánica, aplicada después de la cocción. Ahora bien, las semejanzas eran suficientes como para considerarlos expresiones de la misma identidad cultural y, más aún, corresponderían con las fases III y IV de la cronología de Lacro.
La secuencia de Lacro fue corroborada posteriormente en numerosos trabajos de reconocimiento regional y excavación, especialmente cuando se descubrieron tumbas Mochicas. Las asociaciones de objetos encontradas en estos trabajos concuerdan con las características señaladas por Lacro. En algunos casos es posible encontrar piezas que reflejan el tránsito entre períodos contiguos, por ejemplo piezas Mochica III-IV, donde encontramos características de los períodos III y IV, o ligeras diferencias que podrían deberse a variaciones regionales. La validez de la secuencia de Lacro también fue puesta a prueba en un minucioso estudio emprendido en las colecciones cerámicas excavadas por Uhle (Rowe 1959, Donan 1965). Los resultados de este estudio confirmaron la secuencia de Lacro.
Christopher Donan (1973), y posteriormente Donald Proulx (1968, 1973), realizaron trabajos de reconocimiento en los valles de Santa y Nepeña respectivamente. Si la cerámica Mochica en estos valles periféricos era semejante a la planteada por Lacro, entonces la secuencia debía ser correcta. Donan, familiarizado con las colecciones de Uhle y con los resultados del proyecto Virú, encontró que la cerámica Mochica en Santa era casi idéntica a la reportada en Chicama, Trujillo y Virú. Proulx también encontró especímenes semejantes en Pañamarca y una serie de cementerios alrededor de este centro ceremonial en el valle de Nepeña. Proulx confirmó la presencia Mochica en Nepeña en mayor detalle que simplemente los magníficos murales de Pañamarca (Bonavia 1985, Schaedel 1951).
La mayor limitación de la secuencia de Lacro fue no incluir ceramios de manufactura simple y de uso doméstico. Ollas, cántaros simples, cuencos, y otras formas domésticas, figurinas y cántaros de cuello efigie no están reflejadas en la secuencia de Lacro. Esto ha hecho difícil utilizar esta secuencia para fechar gran cantidad de sitios Mochica que no presentan cerámica elaborada en superficie, o en estudios de contextos que no incluyen este tipo de cerámica. Una salvedad es de rigor en este punto. Por mucho tiempo se ha criticado el hecho de que Lacro no incluyera objetos de uso cotidiano en su cronología. Se argüía que, como coleccionista, Lacro no estuvo interesado en este tipo de objetos. Pero a juzgar por la evidencia disponible de tumbas excavadas arqueológicamente (Donan n.d., Donan y Mackey 1978) un aspecto notorio de las tumbas Mochicas en las áreas estudiadas por Lacro es la baja incidencia de materiales domesticos (Donan y Mackey 1978, Kroeber 1925). Ollas, cuencos, cántaros simples y otros recipientes rudimentarios, si bien se encuentran en contextos domésticos con cierta frecuencia, aparecen en cantidades muy limitadas en las tumbas. Adicionalmente estas formas no cambian de manera significativa a través del tiempo, lo que las hace de difícil inclusión en secuencias cronológicas.
La conclusión del trabajo de Lacro, y de las posteriores investigaciones en que éste fue comprobado y aplicado, es que la secuencia cronológica desarrollada por él es la mejor aproximación a la evolución del estilo Mochica con que se cuenta. Existiría, por lo tanto a partir de estos estudios una sola secuencia cerámica aplicable al fenómeno Mochica en las regiones estudiadas. La uniformidad en la evolución de la cerámica, a su vez confirmaría la noción de que los Mochicas fueron una sola entidad cultural. Lo que quedaba por definir era el ámbito geográfico al que aplicarían estas conclusiones.
Si bien gran parte de los investigadores han encontrado la secuencia de Lacro de gran utilidad, no todos están de acuerdo con la aplicabilidad irrestricta de esta cronología. Ultimamente un número de investigadores que trabajan en la región norte del territorio Mochica han cuestionado la validez de la secuencia descrita por Lacro (Kaulicke 1992, Shimada 1994). Peter Kaulicke, por ejemplo, afirma que "las subdivisiones de mochica (I hasta V) no se vislumbran claramente a través de las evidencias publicadas, ni para la zona sureña (territorio Mochica), ni para el norte. La deficiente precisión de los datos publicados (frente a una cantidad mucho mayor de datos inéditos) apenas permite una separación cronológica de elementos pre y post Mochica" (Kaulicke 1992:898). Para arribar a esta conclusión Kaulicke reexamina las evidencias funerarias disponibles, especialmente los contextos funerarios excavados en la Huacas de Moche por Uhle (1915, Kroeber 1925) y por el proyecto Moche-Chan Chan (Donan y Mackey 1978). En estas evidencias Kaulicke no encuentra sustento empírico para la cronología de Lacro, sino más bien evidencias para refutar su validez. A partir de nuestro propio análisis de los mismos datos, incluyendo el examen de las piezas inéditas de la colección de Uhle, no podemos estar de acuerdo con Kaulicke. Si bien es cierto que los datos para la fase temprana de la secuencia (especialmente la fase II) son casi inexistentes, existe suficiente información para confirmar la validez de la primera y las últimas tres fases. La colección de Uhle corrobora la secuencia de Lacro, ya que existe una marcada consistencia entre los lotes funerarios y las fases cerámicas. No es posible hacer una crítica cabal de la secuencia de Lacro sin contar con los materiales que este utilizó para establecer la secuencia o de las tumbas excavadas por Uhle, estos datos lamentablemente aún permanecen inéditos.
Todo parece indicar que la secuencia de Lacro describe básicamente la evolución del fenómeno Mochica en las regiones comprendidas entre Chicama y Nepeña que, como se dijo antes, son las regiones de donde provienen los materiales en los que se basa la secuencia. Trabajos de investigación en los valles de Virú, Santa, Nepeña y últimamente Chao (Víctor Pimentel comunicación personal) confirman la presencia Mochica en estos valles y validan la caracterización planteada por Lacro de su estilo cerámico. Este no es necesariamente el caso de la secuencia cerámica en los valles al norte de esta región. Como se discutió antes, la arqueología de los valles de Jequetepeque, Lambayeque y Piura era casi desconocida cuando Lacro realizaba sus estudios. No cuestionamos la validez de la secuencia de Lacro, sino su ámbito de aplicación. No es de extrañar que los investigadores que trabajan en los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura consideren que la secuencia es de difícil aplicación a sus materiales. Esto nos lleva a concluir que es necesario construir una secuencia cerámica alternativa para estas regiones. Esta secuencia deberá ser compatibilizada con las cinco fases de Lacro a fin de permitirnos comparar los desarrollos de las diversas regiones.
• Una sola entidad política
La tercera característica de la sociedad Mochica, y por cierto la menos discutida, es la concerniente a su estructura política. Si bien nunca se ha publicado un tratado comprensivo acerca de la organización política de la sociedad Mochica, a través de los años se han planteado algunos argumentos acerca de su nivel de complejidad (ver Shimada 1994). Estos argumentos, como veremos, adolecen de los mismos defectos que discutimos en las dos secciones anteriores. En la caracterización de las estructuras políticas se ha proyectado lo que sabemos para la región sur a todo el ámbito Mochica, asumiendo que todos los valles de la costa norte estuvieron en algún momento bajo el control político de un estado centralizado con sede en Moche. El colapso de este estado fue, por lo tanto, el fin del fenómeno Mochica en toda la costa norte. En un estado centralizado esperamos que el desarrollo en diversas regiones sea idéntico o por lo menos congruente, es decir que las instituciones sociales, económicas e ideológicas debieron desarrollarse paralelamente, sólo alcanzando mayor complejidad en el centro administrativo. El impacto de agentes exógenos debió afectar a todas las regiones integradas bajo el régimen centralizado por igual. Esto es aparentemente lo que sucede con el estado que se desarrolló entre Chicama y Nepeña, pero la información disponible en este momento contradice estos argumentos para la zona al norte de la Pampa de Paiján.
La indicación más clara de la complejidad, capacidad administrativa y militar de la sociedad Mochica-Sur, y de la necesidad de integrar a la esfera del estado nuevos territorios y una fuerza laboral más extensa está dada por el proceso de expansión y conquista de los valles al sur de Moche. Se ha argüido que esta expansión está documentada en dos fuentes: en las escenas de guerra o combate características de la iconografía Mochica y en la distribución de una serie de artefactos y elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa. Ford, por ejemplo resume este proceso diciendo que " Chicama parece haber vencido en la carrera local por cohesión política y poder militar. El movimiento que esparció el fenómeno ceremonial Mochica hasta Nepeña fue casi seguramente militar en naturaleza" (Ford y Willey 1949:66). Ford veía en este proceso no sólo un aspecto militar, sino una expresión de instituciones que combinaban el poder físico de la guerra con el consenso generado por los sistemas ideológicos. El impacto e influencia de la ideología Mochica esta evidenciado en la producción y distribución de la cerámica ceremonial Mochica. Para Ford la ideología Mochica tuvo un papel preponderante en el proceso de incorporación de los territorios conquistados, cosa que se podía ver en las piezas decoradas que debieron de haber sido hechas por sacerdotes ceramistas, ligados a las clases gobernantes (Ford y Willey 1949:66).
La sociedad Mochica ha sido caracterizada con mucha frecuencia a partir de una serie de evidencias indirectas como una sociedad guerrera. Entre estas evidencias destacan ajuares funerarios de individuos adultos masculinos que incluyen parafernalia militar como porras, hondas, lanzas y mazas de guerra, y representaciones iconográficas donde dos grupos de guerreros combaten. Estas características han sido muchas veces usadas como demostración de la capacidad de esta sociedad para emprender la conquista de un amplio territorio. El uso de la iconografía Mochica como fuente histórica, como lo señalara Strong y Evans (1952:216-226) no sólo es peligroso sino que puede resultar francamente erróneo cuando se utiliza descuidadamente. La famosas escenas de guerra o combate presentan una serie de problemas si se quieren interpretar como ilustraciones de combates reales, especialmente si suponemos que representan los combates que se realizaron para expandir el territorio Mochica hacia el sur. En las escenas de combate ambos bandos en conflicto son, en la mayoría de los casos, Mochicas, en base a sus tocados, ornamentos y ropajes. En estas escenas rara vez se produce la muerte de un enemigo, sino que el derrotado es despojado de su tocado y sus ropajes, se le ata una cuerda al cuello y se le transporta a un recinto ceremonial, o en balsas. El destino final de los guerreros vencidos será la muerte por desangramiento, y la sangre será a su vez consumida "ritualmente" por una serie de divinidades (Alva y Donan 1993, Donan y Castillo 1992, 1994).
Si éstas son realmente representaciones de guerra resulta sospechoso que no se produzcan muertes, que luchen Mochicas contra Mochicas y que no hayan escenas de conquista o saqueo. Donan y Hocquenghem han planteado convincente e independientemente que lo que se representa son combates ceremoniales donde grupos de guerreros Mochicas se enfrentan, uno a uno y cuerpo a cuerpo, en pos de prisioneros para los rituales de la ceremonia del sacrificio (Alva y Donan 1993, Donan 1988, Hocquenghem 1987). El acentuado militarismo Mochica, sobre todo la guerra expansiva (Wilson 1988), no está necesariamente representado en el arte, como tampoco está su maestría en tecnología hidráulica, su capacidad para organizar grandes fuerzas laborales, su complejo sistema de comunicaciones, ni siquiera la producción especializada de cerámica, pinturas murales y otras actividades de la vida cotidiana.
La segunda fuente de información, la presencia de elementos Mochicas en los valles de Virú a Nepeña, es claramente indicativa de la naturaleza expansiva del estado Mochica-Sur. La difusión de la cerámica y otros elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa no obedece a un patrón de intercambio restringido o de una colonia, sino a la estrategia geopolítica de un estado expansivo y unificado. La cerámica de estilo Mochica comienza a aparecer en estos valles en la fase III (Donan 1973, Proulx 1973, Strong y Evans 1952, Wilson 1988). A partir de este período estos valles son inundados con sitios de clara filiación Mochica, y muchos sitios asociados con la precedente ocupación Gallinazo son abandonados. La edificación de nuevos centros de acuerdo al plan Mochica implica cambios en las técnicas constructivas, en la producción de adobes, en la planificación y localización de los sitios, es decir, en todos los patrones de asentamiento. Toda la distribución de los sitios y su jerarquía relativa es alterada. Estos cambios son obviamente el resultado de un cambio de mandos, y políticas.
Ya que es lógico asumir que la expansión Mochica no contó con el entusiasta apoyo de las élites locales, podemos deducir por la intensidad y el efecto que tuvo sobre la población local que ésta se realizó a través de un proceso de conquista militar, o que el proceso tuvo un fuerte componente de este tipo. Hay que reconocer en este punto que carecemos de evidencias arqueológicas directas que nos indiquen cuál fue la mecánica de la expansión. A raíz de esta conquista grandes centros Mochicas aparecen en las partes bajas de los valles (Huancaco, Pampa de los Incas). La cerámica asociada con estos centros es a partir de este momento el ubicuo estilo Mochica IV, caracterizada por Moseley como el estilo corporativo de esta sociedad (1992). A partir de estas evidencias se concluye, por lo tanto, que durante la fase Mochica IV todas las áreas de la costa entre Chicama y Nepeña estuvieron bajo el control de un único y unificado estado Mochica.
El fenómeno expansivo evidenciado en los valles del área Mochica-Sur es el resultado del crecimiento de un sistema estatal centralizado. La naturaleza estatal de la sociedad Mochica-Sur resulta una interpretación obvia de una abrumadora cantidad de evidencias. Entre estas destacan evidencias funerarias (Donan n.d., Donan y Mackey 1978) y de organización interna de los sitios (Bawden 1977, Topic 1977) que indican que la sociedad Mochica estuvo complejamente jerarquizada, con posiciones sociales definidas desde el nacimiento y con una élite gobernante que basaba su poder en una combinación de coerción y consenso a través de la manipulación de violencia institucionalizada y de rituales así como otros mecanismos ideológicos. Los Mochicas tuvieron una economía planificada, centralizada y al servicio preferente de las élites gobernantes, con un vasto número de especialistas controlados por el estado, y un uso casi ilimitado de la mano de obra de los segmentos sociales dependientes. La magnitud de las obras públicas emprendidas por los Mochicas, tanto de infraestructura productiva como ideológica, implican niveles de trabajo y de planificación sorprendentes. La elaboración en las ceremonias religiosas, especialmente las relacionadas con el sacrificio de prisioneros y con rituales funerarios, y la participación diferenciada en ellos de diversos segmentos de la población (Castillo y Donan 1994, Donan y Castillo 1992, 1994) demuestran la importancia de este ámbito en la sociedad Mochica. Evidencias de todos estos aspectos, y no sólo unas cuantas piezas cerámicas, aparecen implantadas en los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña a partir de la fase Mochica IV.
Al sur del valle de Nepeña encontramos algunas evidencias de presencia Mochica, pero ninguna que implique ocupación permanente o control geopolítico. En el valle de Nepeña, que correspondería a la frontera sur del estado Mochica-Sur, encontramos una distribución de sitios Mochicas muy peculiar y que permitirían entender algunas características del proceso expansivo. En el valle de Nepeña, a diferencia de Virú y Santa, no encontramos un conjunto de sitios de diverso tamaño y función distribuidos homogéneamente a lo largo del territorio, sino un único gran centro ceremonial, Pañamarca, rodeado de pequeños cementerios (Proulx 1968, 1973). Este gran centro ceremonial vendría a ser un puesto de avanzada, con el que los Mochicas habrían iniciado la penetración en el valle de Nepeña. Este puesto está constituido, contrariamente a lo que podríamos imaginarnos, no por un edificio militar o defensivo, o por una sede administrativa, sino por un centro ceremonial. Encontrar templos donde esperábamos fortalezas nos permite entender que la ideología tuvo un importante papel en la penetración y expansión del estado Mochica.
Como se discutió en las secciones anteriores, debemos de preguntarnos cuál es el ámbito geográfico al que se aplicaría esta reconstrucción de la naturaleza política del estado Mochica. Lacro y otros investigadores pioneros formularon sus interpretaciones pensando, nuevamente, en el área nuclear, y no en los valles de la periferia. Sus datos provenían de esta región, por lo tanto sus interpretaciones serían válidas sólo a ella. Lacro estuvo en lo cierto al pensar que toda esta región estuvo en algún momento bajo la autoridad de una sola entidad política segmentada en diversos niveles de administración regional y local. De cuánta autonomía gozaron las diversas regiones comprendidas dentro del estado Mochica, no lo podremos saber hasta que no se realicen más excavaciones en sitios domésticos y centros administrativos Mochicas. En cualquier caso, Lacro ya afirmaba que existía, bajo la autoridad centralizada de un Cie quich, un conjunto de gobernantes regionales, los Alaec (Lacro 1945:22-23). Lacro dedujo esta organización sólo de la distribución de vasos retratos; posteriormente sus ideas han sido corroboradas en base al estudio del patrón de asentamiento en los territorios conquistados.
Las numerosas investigaciones en la región comprendida entre Chicama y Nepeña han producido resultados que contrastan dramáticamente con los resultados de proyectos realizados al norte de esta región. Una de las diferencias más significativas es que la cerámica de los periodos Mochica III y IV, el estilo corporativo directamente asociado con la expansión y consolidacion del estado Mochica-Sur respectivamente, y encontrado en enormes cantidades en los valles entre Chicama y Nepeña, sea casi inexistente en los valles entre Piura y Jequetepeque. Cómo explicar que el patrón de asentamiento de este estado expansivo, caracterizado por un gran centro ceremonial/administrativo entre los valles medio y bajo, no se vea reflejado en ninguno de estos valles. Se trata acaso de un problema en la muestra, o estas diferencias obedecen a diferencias estructurales, es decir son el resultado de la acción de estados o entidades políticas distintas. La circunscrita aplicabilidad de las interpretaciones antes señaladas comienza a ser evidente cuando se trata de aplicarlas a los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura. En esta región desde los años 60' comenzaron a aparecer importantes evidencias de la ocupación Mochica. En estos valles aparecen evidencias que permiten definir grupos semejantes en muchos aspectos al Mochica-Sur, pero aparentemente con un desarrollo independiente y con características peculiares en su cultura material que serán discutidas en la siguiente sección.
Segunda Parte: Los Mochica del Norte y los Mochica del Sur
Hasta este momento nos hemos limitado a cuestionar la idea que sostenía que la cultura Mochica, en todas las regiones donde ocurrió, fue el resultado del mismo fenómeno político y social. Si esta noción no es válida, y lo que entendíamos como Mochica sólo es aplicable a la esfera sur de este fenómeno, entonces cómo debemos caracterizar a la sociedad Mochica-Norte.
La intención de esta sección no es dar cuenta definitivamente de todas las características del fenómeno Mochica-Norte. Esta tarea es teórica y prácticamente imposible a estas alturas por cuanto la mayor parte de la información arqueológica que se tenía antes de 1985 tiene que ser analizada e interpretada nuevamente, y la información que se ha recogido después de esta fecha en su mayoría aun no ha sido publicada. Lo que podemos hacer con los datos con que contamos es ofrecer una perspectiva regional, la del valle del Jequetepeque, donde se han concentrado nuestras investigaciones hasta la fecha.
Una salvedad es de rigor en este punto para evitar caer en el mismo tipo de error que se critica aquí. El valle del Jequetepeque, y la historia cultural que allí estamos reconstruyendo con un programa sistemático de investigaciones, no necesariamente deberá ser entendido como un microcosmos de la historia cultural de toda la región Mochica-Norte. Es muy posible que los resultados con que contamos para esta región nos presenten un desarrollo que, si bien más cercano a lo que aconteció en Lambayeque y Piura que lo que pasaba en la región sur, es sin embargo sólo una expresión regional. No podemos asegurar, en resumidas cuentas, si los diferentes valles de la región Mochica-Norte no tuvieron desarrollos independientes. Todo parece indicar, por ejemplo, que la secuencia de Piura sería distinta, y posiblemente más corta que la secuencia de los otros valles; Lambayeque, por otro lado experimentó un florecimiento durante el período Mochica Tardío que no es comparable con el de los otros valles. Dicho esto podemos regresar a las diferencias entre el Mochica-Norte y el Mochica-Sur, y la secuencia planteada aquí para caracterizar el desarrollo del fenómeno Mochica-Norte en el valle del Jequetepeque.
Aparentemente los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura estuvieron física y culturalmente separados de los valles del territorio Mochica-Sur. Entre las dos regiones se encuentra la Pampa de Paiján, una llanura desértica de más de 50 kilómetros de extensión que sirvió como barrera natural y cultural para sociedades prehispánica antes y después de los Mochicas (Donan y Cok 1986b). Esta barrera no sólo fue cosa del pasado; Trujillo y Chiclayo, cada una con sus respectivas órbitas de influencia, marcan todavía la separación de las dos grandes regiones de la costa norte. La gran cantidad de cerámica de estilo Cajamarca hacia fines del desarrollo Mochica en Jequetepeque indica, más bien, que los Mochicas de Jequetepeque mantuvieron un fuerte contacto con las sociedades que se desarrollaban en la sierra norte aledaña. El valle del Jequetepeque parece haber servido de eje de transición para una serie de movimientos y rutas comerciales que unían la costa norte con la zona andina central. Estos intercambios experimentaron un inusitado desarrollo durante las primeras fases del horizonte medio, coincidiendo con el final de la cultura Mochica y su evolución hacia otras tradiciones, entre ellas el conspicuo estilo Lambayeque.
Cuando juzgamos la relación entre las sociedades Mochica-Norte y Mochica-Sur nuestra fuente de información más importante es la cerámica, especialmente la compleja cerámica ceremonial. En ésta se reflejan vívidamente los cambios y las interacciones entre diversas sociedades, las tendencias estilísticas, los prestamos y las idiosincrasias locales.
Cuatro grandes características distinguen los desarrollos de las tradiciones cerámicas sureña y norteña:
a) la escasez pronunciada de cerámica Mochica-Sur de la fase IV y de una serie de formas como huacos retratos, cancheros y floreros en los valles al norte de la Pampa de Paiján, así como de decoración pictórica de línea fina del tipo Mochica IV (Castillo y Donan 1994);
b) la excepcional calidad y belleza de la cerámica Mochica-Norte Temprana, especialmente en piezas escultóricas donde se representan seres humanos o animales (Donan 1990, Narváez 1994);
c) la predominancia de jarras y cántaros de cara-gollete en las fases Media y Tardía del Mochica-Norte (Ubbelohde-Doering 1983); y
d) el extraordinario desarrollo de la pintura de línea fina durante el período Mochica-Norte Tardío (McClelland 1990, Donan y McClelland 1979).
• El fenómeno Mochica Norte
El primer indicio que nos reveló que la secuencia cerámica, y por lo tanto la historia ocupacional de las dos regiones de la costa norte habían seguido diferentes derroteros fue la carencia de una serie de formas y estilos comúnmente asociados con el fenómeno Mochica-Sur. Dos formas son peculiarmente escasas: los floreros, y los cancheros. Algunos floreros de estilo Mochica V han sido excavados en Pampa Grande (Shimada 1976:194) pero podrían haber sido importados desde el sur. Igualmente cancheros han sido reportados muy pocas veces en la región norte, en Sipán (Alva, comunicación personal 1994) y en la región de Vicús (Makowski, comunicación personal 1994). Tampoco aparecen en esta región los llamados huaco retratos. La carencia de estas formas, de acuerdo a lo planteado por Lacro, significaría que esta región no estuvo dentro del ámbito de control de los Cie quich con sede en Moche y Chicama.
La escasa presencia de cerámica de estilo Mochica IV en los valles al norte de la Pampa de Paiján es aun más significativa. Es importante recalcar que no se trata de una absoluta carencia ya que existen algunos reportes de cerámica Mochica IV en la región, sino de una escasez pronunciada, especialmente en relación a las cantidades que encontramos en los valles de la región sureña. Carlos Elera (comunicación personal, 1994) excavó un conjunto de ceramios de este estilo en Puerto de Eten (ver Shimada 1994:55). Carlos Deza (comunicación personal, 1993) afirma haber visto a huaqueros ofreciendo piezas Mochica IV en el valle de Zaña. Izumi Shimada también ha reportado este tipo de cerámica para una serie de sitios en Batán Grande pero sin documentar sus aseveraciones (1994). En colecciones del valle del Jequetepeque existen algunas pocas piezas en este estilo, pero parecen haber sido traídas desde el sur. Shimada (1994:39) publicó un mapa de "las ocupaciones Moche documentadas" en los valles de Reque-Chancay y Zaña con indicaciones de las fases Mochicas en que estos sitios fueron ocupados. Una inspección directa de una serie de los sitios presentados en dicho mapa (Santa Rosa, Sipán, Saltur, Collique y Cerro Corbacho) arrojó resultados negativos en cuanto a la presencia Mochica IV. Tampoco encontraron este estilo de cerámica investigadores que han trabajado en esta región por varios años (Walter Alva, Jorge Centurión, y Carlos Wester; comunicación personal, 1993). Con relación a Pampa Grande, también mencionada en dicho mapa, si bien en un reconocimiento parcial del sitio no pudimos encontrar materiales Mochica IV es posible que excavaciones estratigráficas pudieran haber producido este tipo de materiales. Esperamos la publicación de los resultados de la investigación de Kent Day y Izumi Shimada donde estas incógnitas deberán ser resueltas y documentadas.
En conclusión, existen evidencias de la presencia de cerámica de estilo Mochica IV en la región norte, pero en cantidades muy limitadas y en contextos muy mal documentados. Por falta de información contextual no se puede determinar aún si se trata de piezas intercambiadas, o de evidencias de pequeños asentamientos controlados por los Mochica-Sur. Aparentemente un cierto intercambio de cerámica existió entre las dos regiones (Lacro 1966b. También se intercambiaban piezas de cerámica con la sierra norte aledaña, conchas de spondylus con el Ecuador y plumas con la región amazónica. Por cierto, ninguno de estos intercambios tuvo consecuencias de largo plazo en términos de la identidad o independencia política del estado Mochica-Norte. El conjunto de piezas encontrado por Elera en un pozo de prueba en el Puerto de Eten, y los materiales encontrados por Shimada en Batán Grande podría corresponder a la segunda posibilidad, un pequeño asentamiento. Lo que resulta sospechoso es que, hasta la fecha, sitios arqueológicos Mochica IV, especialmente sitios de la magnitud de los asentamientos encontrados en los valles de Chicama a Nepeña, no han sido reportados. Si los Mochica-Sur de la fase IV controlaron los valles de Piura a Jequetepeque lo hicieron a través de un sistema de asentamientos insólito y que además ha burlado a cinco generaciones de arqueólogos.
Lo que esta carencia implica en términos de la estructura política de los estados Mochicas es muy importante. Moseley definió acertadamente al estilo Mochica IV como el estilo corporativo del estado Mochica expansivo. Su presencia en un sitio arqueológico delata la presencia, y en algunos casos permite documentar la expansión del estado Mochica. Si bien algunos ejemplares de este estilo confirman que hayan habido contactos entre estas entidades políticas, cantidades limitadas de este estilo cerámico no pueden ser interpretadas como evidencias de la conquista y control geopolítico de la región. Los Mochica-Sur durante la fase IV no estaban dedicados a la exportación de cerámica, sino a la conquista de grandes territorios, que inmediatamente eran reorganizados de acuerdo a un patrón de asentamientos que maximizaba los intereses del conquistador. Ninguno de estos fenómenos, conquista o reorganización, se reflejan en los datos recogidos al norte de la Pampa de Paiján. Debemos concluir entonces que el estado Mochica-Sur no cruzó esta barrera. En la región norte se desarrollaron independientemente otros estilos, que también pueden ser considerados corporativos, con características propias que reflejan entidades políticas y sociales independientes. Estos estilos, por la cercanía cultural de las dos regiones Mochicas, presentan muchos rasgos en común con su contraparte sureña, sin embargo su desarrollo, es decir su secuencia, es diferente y sus características son peculiares. Esto nos lleva a enfatizar que diferencias en las estructuras políticas no necesariamente indican diferencias culturales, es decir que los Mochicas constituyeron diferentes estados pero no diferentes culturas. Es claro que los estados Mochica-Norte y Mochica-Sur compartieron suficientes elementos en común, como la religión y las costumbres, que impidieron una deriva cultural, es decir que al estar aislados uno del otro con el tiempo se convirtieran en dos culturas diferentes. La religión y el sistema ceremonial, uno de los mecanismos de poder político de las élites aparece como uno de los más importantes elementos de intercomunicación entre estos estados.
• La secuencia cerámica del Mochica Norte
Las diferencias entre las tradiciones cerámicas Mochica-Norte y Mochica-Sur permiten aislar estos dos estilos y seguir independientemente su desarrollo. En el caso de la cerámica Mochica-Norte este desarrollo puede ser dividido, en este momento, en sólo tres fases: Mochica Temprano, Medio y Tardío (Castillo y Donan 1994). Las tres fases del Mochica-Norte en Jequetepeque (Figura 10) han sido reconstruidas a partir de un cuidadoso análisis de datos estratigráficos provenientes de las excavaciones en San José de Moro (Castillo y Donan 1994, Donan y Castillo ms., Castillo y Rosas ms.) y Pacatnamú (Donan y Cok 1986b, Ubbelohde-Doering 1983), del examen de contextos funerarios excavados en La Mina, Pacatnamú y San José de Moro (Castillo ms., Castillo y Donan 1994, Donan y Castillo ms., Donan y Cok 1986b, Donan y McClelland ms., Narváez 1994, Ubbelohde-Doering 1967, 1983) y de información derivada de un análisis cuidadoso de colecciones locales. La información estratigráfica encontrada hasta la fecha sugiere dos períodos ocupacionales, que incluyen la construcción de tumbas, que estarían asociados con especímenes cerámicos de lo que más adelante se caracteriza como Mochica Medio y Tardío. No se ha podido ubicar aún evidencia estratigráfica para la fase temprana de la secuencia, sin embargo, es posible encontrar conjuntos de ceramios que corresponderían con este período. En base a estos datos se han podido organizar más de ciento treinta entierros Mochicas excavados arqueológicamente en Jequetepeque en estos tres períodos. Los materiales asociados con estos entierros, y su ocurrencia en los perfiles estratigráficos han permitido reconstruir las tres fases estilísticas de la cerámica Mochica en el valle del Jequetepeque.
• El período Mochica Temprano
De los tres períodos que conforman la secuencia ocupacional Mochica del valle del Jequetepeque, el período Mochica Temprano es el menos documentado. Evidencias de este período han sido encontradas en sólo cuatro sitios del valle: Pacatnamú, La Mina, Tolón y Dos Cabezas (Figura 10). Lamentablemente, con contadas excepciones, la mayor parte de la información que poseemos de la ocupación Mochica Temprano de estos sitios no ha sido documentada arqueológicamente. Por esta razón casi toda la cerámica que podemos reconocer para este período es de alta calidad; ceramios de calidad media, como jarras y figurinas, o ceramios simples de uso doméstico, como ollas y cuencos, son casi desconocidos.
En Pacatnamú, ubicado al norte de la desembocadura del río Jequetepeque, el período Mochica Temprano está representado únicamente por una botella con asa estribo modelada en forma de búho (Figura E1). Este ceramio fue excavado por Heinrich Ubbelohde-Doering en una simple tumba de pozo junto con una olla con cuello que posiblemente pertenece al período Mochica Medio (Ubbelohde-Doering 1967:26, 67; 1983: 128-129). Cabe la posibilidad que la tumba, y no sólo la olla, pertenezca al período Mochica Medio, en cuyo caso la botella con asa de estribo habría sido considerablemente antigua cuando fue puesta en la tumba. Ninguna de las otras 126 tumbas Mochicas excavadas en Pacatnamú contenían cerámica diagnóstica para el período Mochica Temprano, así como tampoco se reportaron fragmentos de cerámica de este período de las extensas excavaciones conducidas en el sitio por Ubbelohde-Doering en 1937-39, 1953-54 y 1962-63, y por Donan y Cok entre 1983 y 1987. Esto implica que si bien Pacatnamú tuvo una ocupación Mochica significativa durante los períodos Medio y Tardío, el sitio no fue ocupado durante el período Temprano.
El sitio de La Mina es posiblemente el lugar más importante donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada (Donan 1990, Narváez 1994). La Mina se encuentra en la margen sur del valle del Jequetepeque, aproximadamente a 5 kilómetros del mar (Figura 10). La historia de la excavación de la Mina es un tanto penosa, ya que si bien es el único sitio Mochica Temprano que se ha podido excavar arqueológicamente, esto fue posible únicamente después de que los huaqueros habían dado cuanta de casi todo el contenido de la tumba. Aproximadamente a mediados de 1988, un grupo de huaqueros comenzó a extraer una gran cantidad de objetos de oro, plata y cobre aparentemente de una rica tumba Mochica en el valle del Jequetepeque. La tecnología, forma y extraordinaria calidad artística de estos objetos (Lavalle 1992) era similar a la de objetos encontrados en las tumbas reales excavadas por Walter Alva en Sipán, en el valle de Reque (Alva 1988, 1990; Alva y Donan 1993; Figuras 1 y 2). Sin embargo, el estilo de estas piezas era suficientemente diferente del estilo de los objetos encontrados en Sipán como para distinguir fácilmente ambos conjuntos (Donan 1990). Junto con los objetos metálicos los huaqueros aparentemente encontraron un gran número de botellas de cerámica modeladas en forma de seres humanos, animales y aves, incluyendo búhos casi idénticos a la botella encontrada por Ubbelohde-Doering en Pacatnamú.
En Mayo de 1989 la tumba de La Mina fue finalmente localizada por personal del Instituto Nacional de Cultura, iniciándose inmediatamente una excavación de salvataje a cargo de Alfredo Narváez, y con la colaboración de Christopher Donan y Alana Cordy-Collins (Narváez 1994, Donan 1990). Excavando cuidadosamente un área de la tumba que no había sido disturbada, los arqueólogos encontraron siete botellas de cerámica que habían escapado a la atención de los huaqueros (Figura E2). Estas incluían un guerrero arrodillado, una persona llevando una jarra en su hombro izquierdo, un felino cuyos ojos estaban adornados con incrustaciones, un individuo sentado con la cara decorada con un diseño de ola (Figura E3), un búho (Figura E4), y un individuo sentado con un tocado circular (Figura E5). También se encontró una pieza en cerámica negra modelada en forma de un cóndor (Figura E6) y una jarra con abultamientos en la cámara (Figura E7). Los ceramios recuperados arqueológicamente de La Mina estaban todos rotos por compresión debido al peso del relleno. Más aún, durante la excavación de salvataje se recuperaron numerosas piezas de concha cortada que originalmente fueron incrustaciones usadas para adornar los ojos y otros accesorios de las piezas cerámicas que fueron extraídas de la tumba por los huaqueros.
Tolón, un tercer lugar en donde se encontraron especímenes cerámicos del período Mochica Temprano, a diferencia de los otros tres sitios está localizado en la margen sur del valle medio del Jequetepeque, aproximadamente a 33 kilómetros del mar (Figura 10). A mediados de los años setenta un numero de tumbas simples de pozo conteniendo ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas del sitio (Figuras E8 a E16). Estas piezas están modeladas en forma de individuos sentados o arrodillados (Figuras E8 a E11), felinos (Figuras E12 a E14) y aves, incluyendo búhos (Figuras E15 y E16). Muchas de estas piezas son casi idénticas a las encontradas en La Mina (por ejemplo, comparar las figuras E5 y E9), y por lo tanto su contemporaneidad y afiliación estilística parece segura.
El cuarto sitio donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada es Dos Cabezas (Figura 10), ubicado al sur de la desembocadura del río Jequetepeque. El sitio está constituido por varias pirámides de regular tamaño, áreas de aparente carácter doméstico adyacentes a las grandes estructuras y lo que parecen ser basurales, que además contienen evidencias de pequeñas habitaciones y numerosos fogones. Si bien Dos Cabezas no ha sido aún excavado arqueológicamente, un examen cuidadoso de los fragmentos de cerámica que se encuentran en el sitio sugiere que su ocupación incluye tanto el estilo Virú, que normalmente precede al estilo Mochica, así como el período Mochica Temprano. Hasta que no se realicen excavaciones en el sitio no se podrá determinar cual es la relación exacta entre estos dos estilos, es decir si uno precede al otro o si ambos son contemporáneos. Además de estas evidencias, se sabe que un número de tumbas que contenían ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas de Dos Cabezas a principios de los años ochenta. Estas piezas incluirían los característicos felino .
Las investigaciones realizada en la costa del Perú refleja que existen lugares que no han sido investigados esperemos que el gobierno , instituciones privadas apuesten por este tipo de investigaciones que son de beneficio a todo el país y en especial al turismo.

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21 Noviembre 2009

Errores en la emisión de resultados de la evaluacion de profesores para nombramiento 2009

Los  resultados  del examen de profesores organizado  por el ministerio de educación el presente año 2009  donde se tendría que medir  la capacidad de los docentes de todo el país ha sugerido algo muy extraño  el mencionado resultado  el día jueves fue  presentado atravez de  la pagina web oficial del mencionado  ministerio .
resulta  que miles de maestros  que fueron a ver sus  resultados se dieron la ingrata noticias  en un caso de no haber aprobado el mencionado examen en otros jubilosos  celebraban  su logro pero al trascurrir  las  horas del día en cuestión  el ministerio de educación en su página oficial saca un comunicado donde expresa que  había un error en los resultados  aduciendo que las mencionada notas sehabia cometido un error.este error consistia quese les   había corrido un casillero razón por la cual  se había ratificado  dicho error. pero siendo suspicaces  este tipo de fallas  se prestan a murmuraciones y malas interpretaciones  circunstancias  que son aprovechadas por inescrupulosos mafiosos y coimeros  de  los amigos y compañeros del actual partido de gobierno si no  recuerden  las mafia de los petroaudios donde costo   hasta la salida de un gabinete quién nos asegura que  no haya  sucedido lo mismo en  el tan proclamado examen de evaluación de profesores donde los amigos de  los apristas que extraño  sale aprobados.
Donde  esta el ministro Chan   cuando desea proclamar a los cuatro vientos sus logros convoca a toda los medios de la prensa  nacional y ahora porque no indalgamente sale a retificarse a tan tremendo error dando entrevistas en los principales medios de comunicación solo nos entrega un sencillo comunicado.donde esta la meritocracia de sus funcionarios  donde está la planificación la organización que reclama  a todos los docentes de Perú, ministro Chan salga  a decir algo  no juegue con los maestros, los maestros del Perú le exigimos  una explicación de su parte no solo publique un escueto  comunicado queriéndonos tomar el pelo a los maestros del Perú, si me piden pruebas  pruebas  hay  a continuación les presento el comunicado  que publica el ministerio en su  página oficial  para mayor información  acudan a esta dirección .http://www.minedu.gob.pe/cpm/.

Concurso Público para Nombramiento de Profesores al I Nivel de la Carrera Pública Magisterial
Consulta en línea de los Resultados de la Prueba Nacional Clasificatoria.

Comunicado

Se comunica a los profesores postulantes del Concurso Público para Nombramiento en el I Nivel de la Carrera Pública Magisterial, que en la publicación de los resultados se ha producido un error debido al desplazamiento de las filas del listado ordenado de los postulantes, por puntaje obtenido; hecho que se ha corregido inmediatamente.

La nueva publicación que aparece en el portal institucional es la oficial.

Lima, 19 de noviembre de 2009 17:00 hrs
La Comisión de Evaluación

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11 Agosto 2009

DOLAR

Existen varias versiones sobre el origen del símbolo $. La que quizás es la más ampliamente aceptada, según la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos, es que el mismo es el resultado de la evolución de la abreviatura mexicana o española Ps, que abreviaba Pesos, piastras, o piezas de a ocho. Esta teoría, derivada del estudio de manuscritos antiguos, explica que la s pasó gradualmente a escribirse sobre la P, desarrollando un equivalente próximo a $. El símbolo fue ampliamente usado antes de la adopción del USD en 1785.

Otro simbolo del dólar estadounidense fue derivado de -o inspirado por- la marca de ceca de la casa de la moneda colonial española de la ciudad de Potosí, en el actual país de Bolivia. Esta marca de ceca estaba compuesta de las letras PTSI sobre-impuestas una encima de la otra, formando un símbolo muy similar al original símbolo del dólar (el de una barra vertical: $). Los reales de plata españoles (las «piezas de a ocho») eran de uso común en las colonias inglesas de Norteamérica. Entre ellas hubieran figurado las monedas potosinas. Estas, además, hubieran tenido un perfil algo elevado, ya que la mina de plata de Potosí supuestamente fue la más grande en la historia, tanto que Potosí llegó a ser por un tiempo la ciudad más grande de toda América y su fama era mundial en aquella época. (Historia del dólar)

A veces se usa aun la variante con dos barras verticales. Esta variante se atribuye a veces a la idea de superponer U y S (de United States), pero parece que la misma ya existía por la época en que la zona eran colonias británicas. El símbolo del dólar sería una estilización de las Columnas de Hércules que aparecían en las monedas acuñadas en la Ceca de México, los reales de a 8 llamados columnarios. Las barras verticales serían las columnas y la S seria la banda con la leyenda «Plus Ultra» que las envolvía. Un sello con esta forma se estampaba sobre los lingotes de oro y plata que viajaban en las Flotas de Indias con destino al Tesoro Real. La versión de una sola barra es una simplificación del original de dos.

Por último, la similitud del símbolo del dólar con el del sestercio (IIS, I·IS o HS) podría hacer pensar en un origen romano. Sin embargo, en los manuscritos antiguos nunca aparece el símbolo del sestercio con los trazos verticales superpuestos a la letra S.

El pasado 16 de octubre de 2007, el Director General del FMI Rodrigo Rato, dijo que "Hay espacio para una mayor caída del dólar" a pesar que la caida ha sido sustancial, debería caer más.

Monedas

: 1¢, 5¢, 1 dime, ¼$, ½$, $1

Billetes

: $1, $2, $5, $10, $20, $50, $100, $500, $1000, $5000, $10000, $100000

Emisor 

En 1535, el hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, quien llega a ser conocido con los nombres de Carlos I Rey de España y Carlos V Emperador de Alemania, ordena que en las recién descubiertas minas de plata en el territorio de lo que hoy es México, se empiece a acuñar una moneda similar a la que se utilizaba en Europa con el nombre de thaler; nombre que es una abreviatura de Joachimsthaler, el valle al norte de Bohemia en el cual se encontraban las minas de plata que proveían el metal para acuñarla. 

Los españoles residentes en México cumplieron la orden y acuñaron los thaler. Sin embargo, al no estar familiarizados con la letra "th" sino con su correspondiente sonido "d", sustituyen las dos letras y bautizan la nueva moneda con el nombre de ‘dale 

Pero la iniciativa de los acuñadores fue mas allá y -recordando su travesía y su origen- tallan en los daler las dos columnas de Hércules reluciendo contra un horizonte formado por las costas del viejo y el nuevo mundo. Esta efigie estilizada origina la figura de una ‘S' cruzada por dos barras verticales, la que eventualmente llega a ser el símbolo del daler. Y de la riqueza.

 

En el primer siglo de acuñación de la historia del dólar, los daler de plata fluían casi en su totalidad directamente a España. Se calcula que entre 1540 y 1650, en el antiguo reino moro de Granada -en lo que hoy es la provincia de Andalucía, al sur de España- el exceso en la circulación de monedas de plata, generó un aumento en el nivel de precios superior al 600 por ciento,en un mundo donde la inflación era entonces un fenómeno desconocido. Pero a mediados del Siglo XVII, los daler comenzaron a circular también en territorio mexicano. Adam Smith lo relata así:

‘México y Perú, aunque no pueden reputarse por mercados nuevos para la plata, son a lo menos ahora mucho más extensivos que antes... Un suelo fecundo y un clima feliz, la abundancia y baratura de terrenos, circunstancia común a todas las colonias, son ventajas tan grandes que bastan para compensar muchos de los defectos que no puede menos de tener un gobierno que está tan distante... América, pues, es un nuevo mercado para el producto de sus propias minas.

Pero en las colonias inglesas asentadas al norte de México -sin minas de plata - si algún daler ingresaba a ellas, su contenido de metal era inmediatamente reciclado para fines más prácticos. Por otro lado, desde sus primeros asentamientos, los colonos ingleses habían aprendido a usar como dinero cualquier objeto que se presentará más o menos manejable, incluyendo hojas de tabaco, pieles, sal, conchas y, en años previos a la
Historia del dólar -

Fue precisamente la moneda de papel lo que ayudó a financiar la revolución y liberación de Norteamérica. En 1751, Benjamín Franklin viaja a Londres para solicitar a los miembros del Parlamento Inglés que permitiesen a sus colonias de América imprimir moneda, ya que así podrían dejar de depender de los envíos de las libras esterlinas que llegaban tarde, mal o nunca. La petición de Franklin fue diplomáticamente escuchada, antes de ser toscamente negada.

Sin embargo Franklin era un hombre práctico y, antes de retornar a Norteamérica, adquirió la mejor imprenta que su profesión de físico le aconsejaba. Pocos años después, esa imprenta demostró su eficacia al imprimir todos los billetes ‘continental' requeridos para pagar los gastos de la revolución y liberación de los Estados Unidos

El éxito de los continental como instrumento revolucionario y su fracaso como instrumento económico, es claramente descrito por el propio Franklin cuando, en 1779 y en plena guerra de independencia, escribía a su amigo Samuel Cooper lo siguiente:

 

‘Nuestra moneda se ha convertido en una máquina maravillosa: ha cumplido todas sus tareas desde el momento mismo en que la emitimos; con ella pagamos los sueldos y los uniformes de nuestras tropas; nos sirve para comprar municiones y vituallas; y cuando tenemos que imprimir una cantidad mayor, ella misma se paga auto depreciándose.'

 

La frase ‘no vale un continental', hasta el día de hoy (historial del dolar) tiene un tono despectivo en la cultura norteamericana. En efecto, los continental perdieron todo su valor una vez que la revolución iniciada el 4 de julio de 1776 había triunfado. Así, la naciente economía necesitaba de una moneda nueva y confiable.

 

La necesidad de contar con una nueva moneda, es percibida por Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro en el gobierno de George Washington, quien propone y logra que Estados Unidos -con decreto legal suscrito el 4 de abril de 1792- adopte como moneda propia al daler mexicano, que pronto comienza a ser denominado ‘dollar' bajo la fonética de la lengua inglesa. Historia del dólar

 

La adopción del dólar cumplió una doble función: eliminó la práctica de imprimir moneda indiscriminadamente; y, logró que el mundo se enterará que los Estados Unidos se habían convertido en una nación unida, soberana e independiente.

 

El dólar de plata sobrevivió hasta comienzos de Siglo XX. El 1 de marzo de 1900, el presidente William MacKinley -que habia declarado la guerra a España- oficialmente decretó que a partir de ese día el valor del dólar dejaba de ser cotizado en plata y comenzaba a ser cotizado en oro.

 

Ese antecedente sirve para que, poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, los países vencedores que se habían reunido en el hotel "Mount Washington", ubicado en un centro vacacional denominado Bretton Woods, decidan, entre otros asuntos, que las futuras transacciones que realicen entre sí los países del mundo occidental, debían efectuarse en dólares y que, a su vez, los Estados Unidos se comprometían a entregar una onza de oro por cada 35 dólares, cuando cualquier país así lo requiriese.

 

Es decir, internacionalmente se aceptaba el compromiso de hacer funcionar al patrón-oro en todo su esplendor.

 

La aceptación del dólar como moneda universal se basaba, desde luego, en el reconocimiento de una innegable realidad: la existencia de un país lo suficientemente rico como para que todos crean que esos papeles de color verde -frase de Milton Friedman- en efecto podrían ser cambiados por oro.

 

Pero como los acuerdos internacionales solo son inviolables hasta que alguien con poder suficiente decide violarlos, el 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció que su gobierno había adoptado la medida monetaria más revolucionaria del Siglo XX. La ‘revolución' consistió en anular el compromiso de pagar con oro el valor del dólar. Así se puso en práctica la receta de algún legendario alquimista, solo que en dirección inversa: el patrón-oro se transformó en patrón-papel. Historia del dólar

 

Los hechos que sucedieron después s con la que se contabiliza nuestra creciente deuda externa.

 

 

on bastante conocidos: la emisión de dólares sin respaldo deterioró su cotización frente a otras monedas del Primer Mundo; la inflación mundial, un suceso desconocido hasta ese entonces, amenazó con aprisionar a todo el mundo occidental; se facilitó el financiar e inflar la deuda del tercer mundo; y, la disciplina monetaria quedó sujeta a la voluntad de los gobiernos de turno.

 

Lo paradójico de esta breve historia es que Europa que ordenó dar vida al dólar, ya dejó de utilizarlo. Mientras que en América Latina -que lo único que hizo fue bautizarlo- la metamorfosis que transformó al dólar de plata, en dólar de oro y en dólar de papel, continua en el dólar de tinta

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8 Febrero 2008

BIOGRAFIA DE MARILIN MONROE


Marilyn Monroe fue la personificación
del glamour de Hollywood por excelencia. Su
inmenso atractivo fue capaz de conquistar el
mundo, pero a pesar de su belleza seductora
y sus curvas voluptuosas, Marilyn fue mucho
más que un símbolo sexual de los
años 50. La aparente inocencia de su
mirada junto a su innata sensualidad hizo de
su imagen un ícono de admiración
internacional por más de un siglo. Su
vida fue el reflejo de su pasión y lucha
personal. Hoy su espíritu brilla junto
el prestigio de su inigualable imagen de legendaria
diva de Hollywood.

La estrella de Hollywood,
Marilyn Monroe, nació el 1ro de junio
de 1926, con el nombre Norma Jeane Mortenson,
siendo luego bautizada como Norma Jeane Baker.
Su madre, Gladys Monroe, quien poseía
modestos recursos financieros, sufría
de problemas mentales. Su padre nunca fue
conocido.

En busca de una vida
más próspera para su hija, Gladys
envió a Norma Jeane a vivir con una
familia adoptiva. En 1935, luego de haber
pasado por varias de ellas, Norma fue a vivir
a un orfanato. Vivió en él hasta
1935. Luego, el 19 de junio de 1942, con 16
años, Norma Jean se casó con
Jimmy Dougherty, un joven de 21 que había
conocido mientras trabajaba en una planta
ensambladura de aeronaves. La pareja se divorció
en junio de 1946.

En 1944, Marilyn Monroe
fue fotografiada mientras trabajaba por un
periodista que realizaba un artículo
sobre la contribución de las mujeres
a la economía durante la guerra. El
fotógrafo pidió su autorización
para tomarle más fotos, y sin darse
cuenta ella comenzó su carrera de modelo.
En 1945, la belleza de Norma Jeane Dougherty
se hizo inmensamente popular, apareciendo
en la tapa de 33 de las más famosas
revistas de la época. En 1946 ella
da fin a su trabajo como operaria y se dedica
tiempo completo a su carrera como modelo,
teniendo un especial interés por la
actuación.

El 23 de julio de 1946,
Marilyn firmó contrato con 20th Century-Fox,
por un salario de $125 a la semana. Poco tiempo
después ella ya se hacía llamar
Marilyn Monroe, tomando el apellido de su
madre y el nombre de la conocida actriz Marilyn
Miller. Su primera aparición en el
cine fue pequeña, durante 1947, siendo
en el filme "The Shocking Miss Pilgrim".
Ella continuó tomando roles intrascendentes
hasta 1950, cuando el thriller de John Huston,
"Asphalt Jungle", le abrió
las puertas a un pequeño pero importante
papel. Su desempeño en "All About
Eve", también en 1950, le generó
aun más notoriedad.

El 14 de enero de 1954,
Marilyn decidió embarcarse en un segundo
casamiento. Esta vez con la súper estrella
del baseball, Joe DiMaggio. Solo nueve meses
después, el 27 de octubre de 1954,
Monroe y DiMaggio se divorciaron. Durante
una conferencia de prensa su abogado mencionó
que el motivo de la separación fue
"la incompatibilidad de sus carreras".

Luego de aparecer como
un rostro bonito de Hollywood más en
varios, filmes Marilyn comenzó a prepararse
para dejar su imagen de "rubia despampanante"
y dedicarse a la actuación de alto
nivel. En 1956, comenzó a estudiar
el arte escénica con el conocido maestro
Lee Strasberg, Director del estudio Actor's
Studio de New York. Durante el mismo año,
Marilyn lanzó Marilyn Monroe Productions
junto al fotógrafo Milton Green. Su
nueva empresa produjo "Bus Stop"
(1956) y "The Prince and the Showgirl"
(1957), filmes que permitieron a Marilyn demostrar
sus nuevas habilidades actorales.

El 29 de junio de 1956,
Marilyn contrajo en matrimonio al dramaturgo
Arthur Miller. El filme "The Misfits"
fue escrito por él especialmente para
Marilyn. Esta fue la última obra completa
de Marilyn. Miller y Marilyn se divorciaron
el día 20 de enero de 1961.

En 1962, Marilyn fue
aclamada como la estrella más popular
del mundo ("World's Most Popular Star")
con la entrega del Globo de Oro (Golden Globe),
reafirmando su fama y reconocimiento internacional.
El día 4 de Agosto del mismo año,
con apenas 36 años de edad, Marilyn
Monroe falleció mientras dormía
en su casa de Brentwood, California. El mundo
sufrió por su perdida. Su cuerpo fue
sepultado en el Westwood Memorial Park, Corridor
of Memories, 24, también de Los Angeles.

Marilyn Monroe apareció
en 30 filmes dejando uno de ellos, "Something's
Got to Give", sin ser completado. Pero
ella fue mucho más que una estrella
del cine. Su popularidad la transformó
en un mito y leyenda de inmensa admiración.
Actualmente el nombre e imagen de Marilyn
Monroe son símbolos de belleza y glamour.
Su espíritu sirve de inspiración
para aquellos que luchan durante su vida en
busca de la grandeza.

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16 Octubre 2007

video de marilin monroe

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13 Octubre 2007

LOS INCAS

Los Incas fueron los dirigentes del imperio americano más
grande. Cerca del fin del siglo XIV, el imperio comenzó a extenderse de su
región inicial en la región de Cuzco hasta la región sur de
las montañas Andinas de América del Sur. Esta terminó brutalmente con la
invasión española dirigida por Francisco Pizarro, en 1532.

En el momento de su rendición, el imperio controlaba una población
estimada en 12 millones de habitantes, lo cual representaría hoy Perú,
Ecuador y también una gran parte de Chile, Bolivia y
Argentina.

El imperio Inca

Los Incas llamaban a su territorio Tawantinsuyu, lo que en
Quechua, el idioma inca, significa Las Cuatro Partes. Un territorio de
diversos terrenos y climas muy marcados, que comprendía una larga banda
desértica en la costa, entrecortada por ricos valles irrigados; las altas
cumbres y los profundos valles fértiles de los Andes; y las cumbres
montañosas de la selva tropical al Este. La palabra Inca designa al propio
dirigente, así como al pueblo del valle de Cuzco, la capital del imperio.
A veces es usado para designar a todos los pueblos incluidos en el
Tawantinsuyu, pero esto no es correcto. La mayoría de las decenas de
reinos pequeños mantenían su identidad, aún cuando estaban ligados política y
económicamente a los Incas. El Quechua fue el idioma oficial y hablado en
la mayoría de las comunidades hasta la llegada de los Españoles, pero al menos
20 dialectos locales subsistieron en
varias partes del imperio.

La arquitectura

Los Incas desarrollaron un estilo altamente funcional de arquitectura
pública que se distinguió principalmente por sus técnicas avanzadas de
ingeniería y de trabajo fino de la piedra. El plano de sus ciudades estaba
basado en un sistema de avenidas principales atravesadas por calles más pequeñas
que convergían en una plaza abierta rodeada de edificios municipales y templos.
Las estructuras eran de un solo piso, con un perfecto ensamblado de piedras
talladas; también se usaban ladrillos de adobe y paja en las regiones costeras.
Para la construcción de grandes monumentos tales como la gran fortaleza de Sacsayhuamán cerca de
Cuzco, unos bloques masivos poligonales fueron ensamblados entre sí con
una extraordinaria precisión. En las regiones montañosas, como la espectacular
ciudadela andina ubicada en el Machu Picchu, la arquitectura
inca refleja a menudo algunas adaptaciones ingeniosas del relieve natural.

La religión

La
religión del estado estaba basada en la adoración del Sol. Los emperadores Incas
eran considerados como descendientes del Dios Sol y eran adorados como
divinidades. El oro, símbolo del Dios Sol, era muy explotado para el uso de los
dirigentes y miembros de la elite, no como moneda de intercambio, sino
principalmente con objetivos decorativos y rituales. La religión dominaba toda
la estructura política. Desde el Templo del Sol en el centro de
Cuzco, se podían trazar líneas imaginarias en dirección de los lugares de
culto de las diferentes clases sociales de la ciudad.

Las prácticas religiosas consistían en consultas de oráculos,
sacrificios como ofrenda, transes religiosos y confesiones públicas. El ciclo
anual de fiestas religiosas estaba regulado por el calendario inca,
extremadamente preciso, así como el año agrícola. Debido a este aspecto entre
otros, la cultura inca se parecía mucho a algunas culturas de la mezo-América
tal como los Aztecas y los Mayas.

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12 Octubre 2007

LAS POSICIONES PARA HACER EL AMOR

La abeja
Él se sienta y abre las piernas en un ángulo
suficientemente amplio para que ella se introduzca entre ellas y se siente de
frente. Las piernas de ella lo atrapan por ambos costados. Luego apoya sus
talones en las nalgas de él para impulsarse hacia delante y lograr así que su
vagina atrape el pene. Ella procura quedar los más pegada posible al cuerpo de
su amante. Cada acometida de sus caderas no será violenta sino suave para
mantener al menos la mitad del pene dentro de su vagina. Esta posición exige un
cara a cara.

La abeja

101 posiciones para hacer el amor

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El coito sin eyaculación

Besarse, acariciarse, masajearse sin
ejercer ninguna presión para que él actúe, puede obrar milagros en el hombre
impotente,
así como existen hombres que
no pueden llegar al orgasmo hay otros que simplemente eligen no hacerlo, la
técnica de no eyacular ha sido practicada desde hace siglos en oriente donde un
sólo hombre tenía que mantener satisfechas a varias esposas, esta técnica le
permitía al hombre mantener varias relaciones sexuales, varias veces al día,
talvez con todas sus mujeres, experimentando orgasmos y eyaculando solamente en
el último coito del día.

Los hombres que emplean esta técnica
afirman que favorecen su bienestar y vitalidad durante todo el
día.

Esta técnica de control no es sencilla
y exige mucho tiempo de entrenamiento para no entrar en una espiral de auto
represión.


L
a forma china de
amar

Vuelo del Dragón


101 posiciones para hacer el amor

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10 Octubre 2007

MONARQUIAS DE EUROPA

PAÍS MONARCA CONSORTE HEREDERO
España Juan Carlos I
(5-1-38)
Sofía
(2-11-38)
Felipe
(30-1-68)
Bélgica Alberto II
(6-6-34)
Paola
(11-9-37)
Felipe
(15-4-60)
Dinamarca Margarita II
(16-4-40)
Enrique
(11-6-34)
Federico
(26-5-68)
Liechtenstein Hans Adam II
(14-2-45)
María
(14-4-40)
Alois
(11-6-68)
Luxemburgo Enrique
(16-4-55)
María Teresa
(22-3-56)
Guillermo
(11-11-81)
Mónaco Alberto II

(14-3-58)

Noruega Harald V
(21-2-37)
Sonia
(4-7-37)
Haakon
(20-7-73)
Países Bajos Beatriz I
(31-1-38)
Claus

(fallecido)

Guillermo
(27-4-67)
Reino Unido Isabel II
(21-4-26)
Felipe
(10-6-21)
Carlos
(14-11-48)
Suecia Carlos XVI Gustavo
(30-4-46)
Silvia
(23-1

La soberanía nacional reside en el pueblo. Ésa es la columna
vertebral de la democracia. A través de la voluntad general libremente
expresada, se forma el Parlamento, encargado de hacer las leyes, y el
Gobierno, al que corresponde la gestión ejecutiva. Así
ocurre en todas las democracias rectamente entendidas, sean monarquías
o repúblicas. Pero la esencia profunde de una nación no
depende solo de la voluntad general expresada en unas elecciones concretas.
Ningún país ha sido edificado por una sola generación.
No se puede prescindir de todo el pasado. Una nación se forma
a través de los siglos y son muchas las generaciones que aportaron
su esfuerzo para desarrollarla, para hacerla más justa y má,s
libre. En una democracia profunda, también las generaciones pasadas
poseen el derecho a ser oídas. Las viejas naciones que han tenido
el acierto de conservar sus dinastías han vinculado la Monarquía
hereditaria a la continuidad histórica, como símbolo nacional
del presente y del pasado, como permanencia de la tradición en
el futuro. La ciencia política ha encontrado así una fórmula
inteligente y sutil para que estén presentes en la vida nacional
la sucesión de generaciones que escribieron la Historia del país.
La Monarquía se asienta y nutre en el sufragio universal de los
siglos.

Ciertamente, después de tantos siglos, la Institución
ha presentado formas muy diversas, según las épocas, las
razas y las diferentes geografías. Allí donde no ha sabido
reflexionar y adaptarse a las exigencias de los tiempos nuevos, ha sido
derribada. La Corona solo permanece donde resulta útil.

Símbolo de la unidad y la continuidad nacionales, poder histórico
para intervenir solo en caso de crisis extrema, con capacidad para el
arbitraje y la moderación, porque el Rey, a diferencia de otros
jefes de Estado, no ha sido elegido por una parte de los votos sino
por la Historia.

La Familia Real es o debe ser, en cierta manera, la familia de todos
los ciudadanos. Las hilanderas de la Historia, cuando alborea el siglo
XXI, no pueden tejer otros tapices que los de la voluntad popular. Porque
el Rey está para el pueblo, no el pueblo para el Rey.

En Europa existen actualmente 10 países con un sistema político
monárquico. En muchos de ellos, el monarca resulta clave para
mantener la unidad de la nación como centro aglutinador de la
concordia de las sociedades plurales de sus territorios.

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