ALGUNAS LEYENDAS:


La Primera Creación: "Caminaba por
las inmensas y desiertas pampas de la meseta Viracocha
Pachayachachi, "el hacedor de las cosas",
después de haber creado el mundo en un primer ensayo como si se tratara de un
bosquejo, sin luz, sin sol y sin estrellas. "Pero cuando vio que los
gigantes eran muchos más grandes que él, dijo: No es conveniente crear seres
de tales dimensiones, ¡me parece mejor que tengan mi propia estatura! Así creó
Viracocha los hombres según sus propias medidas, tal como son hoy en día, pero
aquellos vivían en oscuridad".

La Maldición: Viracocha ordeno a los
hombres, vivir en paz, orden y honrarle, pero aquellos se entregaron a la mala
vida, los excesos y fue así como el Dios creador, los maldijo, convirtiéndolos
en piedras o animales, algunos quedaron sembrados en la tierra, otros fueron
absorbidos por las aguas, finalmente arrojo sobre ellos un diluvio en el cual
todos perecieron.

La Segunda Creación: Solo tres hombres
quedaron con vida, y con el recado de ayudarlo en su nueva creación, luego de
pasado el diluvio, "el maestro del mundo", decidió dotar a la tierra
con luz, y fue así como junto con sus tres súbditos ordenó que brillase el
sol, la luna y las estrellas y ocuparan su lugar en el vasto firmamento.

os dioses

El dios creador, con rasgos de
héroe cultural, es Viracocha, calificado como 'Viejo hombre de los
cielos' o 'Señor maestro del mundo'. Por haber creado la tierra, los
animales y los seres humanos, y ser el poseedor de todas las cosas, los
incas lo adoraban sin ofrecerle sacrificios ni tributos. Creó, destruyó
a los hombres y volvió a crearlos a partir de la piedra. Después los
dispersó en cuatro direcciones.

Machu Pichu

Como héroe cultural, enseñó a los
seres humanos varias técnicas y oficios. Emprendió muchos viajes hasta
que llegó a Manta (Ecuador), desde donde surcó el océano Pacífico: en
una embarcación hecha con su capa; y según otros, caminando sobre el
agua.

Inti, el
dios Sol, era la divinidad protectora de la casa real. Su calor
beneficiaba a la tierra andina y hacía madurar las plantas. Se
representaba con un rostro humano sobre un disco radiante. Cada soberano
inca veía en Inti a su divino antepasado. La Gran Fiesta del Sol, el
Inti Raymi, se celebraba en el solsticio de invierno. Para dar la
bienvenida al sol le ofrecían coca y maíz, y una hoguera, en la que
quemaban a la víctima del sacrificio.. Culminada la celebración,
exclamaban: "¡Oh, Creador, Sol y Trueno, sed jóvenes siempre!
¡Multiplicad los pueblos! ¡Dejad que vivan en paz!". La mujer de Inti se
llamaba Mama-Kilya, la Madre Luna, y era la encargada de regular los
ciclos menstruales de la mujer.

El dios dador de lluvia, Apu
Illapu, era una divinidad agrícola. En época de sequía se hacían
peregrinaciones a los templos consagrados a Illapu, construidos en zonas
altas. Si la sequía era muy persistente, llegaban a ofrecerle
sacrificios humanos. Los incas creían que la sombra de Illapu se
encontraba en la Vía Láctea, desde donde arrojaba el agua que caería en
la tierra en forma de lluvia. Otros dioses importantes son Pachamama, la
madre Tierra, el mundo de las cosas visibles, señora de las montañas,
las rocas y las llanuras, y Pachacamac, el espíritu que alienta el
crecimiento de todas las cosas, espíritu padre de los cereales,
animales, pájaros y seres humanos.

Las edades del mundo

Entre los incas existía la
creencia en la sucesión de cinco edades.

La primera edad, llamada Huari
Viracocha Runa (o Pakarimok Runa, los habitantes de la aurora de la
humanidad), duró ochocientos años. Por ser la primera generación, los
pobladores no morían ni se mataban entre sí. Parían de dos en dos,
hombre y mujer. Eran nómadas, vivían en cuevas y se cubrían con hojas de
árboles y esteras de paja. Al llegar, destruyeron a los animales
(jaguares y osos) y a los monstruos que habitaban la tierra. Adoraban
como Dios a Runa Camac Viracocha. Llamaban al diluvio Uno Yaco
Pachacuti.

La segunda edad, llamada Huari
Runa (gente autóctona), duró mil trescientos años. Se caracteriza porque
en ella se inició el trabajo de la tierra y de los cultivos agrícolas,
además del aprovechamiento del agua de ríos, lagunas y pozos. Vivían en
casas semejantes a hornos, llamadas pukullos, y se cubrían con pieles de
animales. Adoraban a un solo dios en tres personas, soberanos del cielo
y de la tierra, llamadas Yayan Illapa (Rayo Padre), Chaupichurin Illapa
(Rayo Hijo Intermedio) y Sullca Churin Illapa (Rayo Hijo Menor).

La tercera edad, Purun Runa, duró
mil ciento treinta y dos años y sus contemporáneos "se multiplicaron
como la arena del mar, tanto que ya no cabían en la tierra".
Construyeron casas de piedra con tejados de paja y formaron poblaciones.
Mejoraron las técnicas de aprovechamiento del suelo y los sistemas de
riego. Criaron llamas y alpacas y desarrollaron los procedimientos de
teñido y tejeduría. Organizados bajo el mando de reyes, señores y
capitanes, su elevado número y sus posesiones despertaron la codicia y
las guerras. Adoraban al señor del cielo, Pachacamac. Dicen que la
tercera edad acabó con una epidemia que no dejó a nadie con vida y que
eran tantos "que en seis meses los buitres y cóndores no pudieron
terminar con los cadáveres".

La cuarta edad, Auka Runa, los
indios vivieron y se multiplicaron durante dos mil cien años. Hubo tres
periodos, que se caracterizaron por las luchas de expansión y conquista:
el primero, de guerras para aumentar o consolidar el dominio
territorial; en el segundo, la nación Chincha sometió a las demás y las
confederó, asegurando su paz y su prosperidad; en el tercero, los incas
dominaron la confederación y extendieron el cultivo de distintas
variedades de maíz y de patata. La expansión del imperio inca,
Tawantisuyo, define y da nombre a la quinta edad, que incluye además el
periodo de la conquista española.

El tiempo y calendario

Entre los incas, el tiempo se
medía según las fases en el curso natural de la Luna. El año, de
trescientos sesenta días, estaba dividido en doce lunas de treinta días
cada una. Los cuatro hitos del recorrido del Sol, que coincidían con los
festivales más importantes consagrados al dios Inti, se indicaban por
medio del intihuatana, una gran roca, coronada por un cono que hacía
sombra en unas muescas de la piedra. En Cuzco los solsticios se medían
con pilares llamados pachacta unanchac o indicadores de tiempo. La
organización mítico-religiosa determinaba la sucesión en el calendario a
través de las doce lunas, correspondientes a festividades y actividades
cotidianas:

Capac Raimi Quilla, Luna de la
Gran Fiesta del Sol, equivalente a diciembre, mes de descanso.

Huchuy Pucuy Quilla, Pequeña Luna
Creciente, enero, tiempo de ver el maíz en crecimiento.

Hatun Pucuy Quilla, Gran Luna
Creciente, febrero, tiempo de vestir taparrabos.

Pacha Pucuy Quilla, Luna de la
flor creciente, marzo, mes de maduración de la tierra.

Ayrihua Quilla, Luna de las
espigas gemelas, abril, mes de cosecha y descanso.

Aymoray Quilla, Luna de la
cosecha, mayo, el maíz se seca para ser almacenado.

Haucai Cusqui Quilla, junio,
cosecha de patata y descanso, roturación del suelo.

Chacra Conaqui Quilla, Luna de
riego, julio, mes de redistribución de tierras.

Chacra Yapuy Quilla, Luna de
siembra, agosto, mes de sembrar las tierras con cantos de triunfo.

Coia Raymi Quilla, Luna de la
fiesta de la Luna, septiembre, mes de plantar.

Uma Raymi Quilla, Luna de la
fiesta de la provincia de Unia, octubre, tiempo de espantar a los
pájaros de los campos recién cultivados.

Ayamarca Raymi Quilla, Luna de la
fiesta de la provincia de Ayamarca, noviembre, tiempo de regar los
campos.

Objetos de culto y fetichismo

Muchos
lugares naturales como cursos de agua, montes, cuevas, precipicios, se
consideraban asiento de los antepasados. De carácter sagrado, los incas
creían que allí se encontraban los encargados de transmitir los oráculos
a la tribu. Los llamaban pacariscas. Las piedras, concebidas como los
huesos de la tierra, también merecían veneración. Se les atribuía en
algunos casos el carácter de testimonios de su historia mítica: en la
Roca de Titicaca se habría ocultado el Sol después del gran diluvio;
otras rocas eran representaciones antropomorfas de los gigantes que,
como castigo a su desobediencia, fueron convertidos en piedras.

También se daba el caso inverso,
el de piedras que se habían convertido en hombres, surgidos para prestar
ayuda al Inca Pachacutic. Entre los objetos de culto estaban las huacas,
que adoptaban el valor de fetiches destinados a proteger a los propios
individuos, las cosechas y a los propios muertos en forma de muñecas,
fenómeno que recuerda una costumbre similar entre los egipcios (véase
Mitología egipcia). Las mamas (madres) eran espíritus destinados a
alentar el crecimiento de las plantas: saramama (maíz madre), cocamama
(madre de la planta de coca), y también encargados de regir a fuerzas
naturales como el mar (mamacocha), temido por los pueblos del interior y
considerado benévolo por los habitantes de la costa, pues los alimentaba
con sus frutos.

Fertilidad y muerte

Como en otras culturas mal
llamadas "primitivas", los ritos de la fertilidad están asociados a la
vez al erotismo y a la muerte, porque se cree que de ella surge la vida.
El carácter agrario de esta civilización justifica en gran medida la
creencia. Una buena parte de la alfarería de los antiguos peruanos
representa variadas formas de unión sexual que poseía originalmente, en
todos los casos, una significación sagrada. Personajes esculpidos con
falos enormes nos permiten establecer las coincidencias con los cultos
priápicos y la función de Dioniso en la mitología griega: la orgía
sexual, por otra parte, se relaciona con la posibilidad de que crezcan
las plantas que asegurarán la supervivencia. Entre los indios kogi, por
ejemplo, existe una cópula ceremonial sobre la tumba de un ser querido
que acaba de fallecer. Este rito permite que el espíritu logre alcanzar
el otro mundo. Sólo de esa manera se le abrirán las puertas del cielo.