Cuando se inició el proyecto de reorganización de la Biblioteca de mi escuela uno de las decisiones que fue necesario tomar era cual sería el sistema que se adoptaría para la organización de los libros y el acceso que los usuarios tendrían a los mismos. Para aquel momento, la Biblioteca contaba ya con gran parte de la colección bibliográfica que actualmente tiene, pero ésta se encontraba bajo la modalidad de estantería cerrada (aquella en la que el acceso físico de los usuarios está restringido), y sin un sistema de ordenamiento adecuado.
Consideramos entonces que uno de los cambios que era necesario introducir era de orden cultural, es decir, debíamos cambiar la cultura de aproximación a los servicios bibliotecarios que nuestros alumnos tenían, esto significaba convertirlos de usuarios altamente dependientes del personal de la biblioteca, a usuarios autónomos e independientes en el uso de los servicios que gradualmente pensábamos poner en marcha.
Consultando la literatura especializada, así como experiencias exitosas en materia de bibliotecas escolares, llegamos a la conclusión de que era viable establecer en nuestra biblioteca un sistema de estantería abierta, ello implicaría que los alumnos y resto de usuarios podrían tener acceso físico a la estantería y escoger ellos mismos los libros que deseaban consultar, pero para ello era necesario familiarizarlos con el sistema de ordenamiento que adoptaríamos.
Los sistemas de clasificación bibliográfica son esquemas que permiten categorizar o subdividir las distintas áreas del conocimiento. Se trata de clasificaciones basadas en criterios un tanto arbitrarios, pero su utilidad práctica radica en que permiten organizar los libros en las estanterías de forma tal que todos los libros que traten sobre una materia específica queden ubicados en el mismo lugar, esto está asociado a la tarea de marcar los libros en el lomo con una etiqueta que contiene el código conformado por la numeración del sistema clasificatorio, esto es lo que se conoce coloquialmente como “cota”.
Para la organización de la Colección General adoptamos el sistema conocido como DEWEY, el sistema clasificatorio de nomenclatura numérica que un bibliotecario llamado Melvil Dewey (1851-1931), creó en 1876, para organizar los libros de la biblioteca escolar en la que trabajaba. Dewey dividió todos los temas del conocimiento existente en diez grandes categorías identificadas con un sistema numérico decimal (del 0 al 9), así, creó una primera tabla de clasificación en la cual había diez grandes grupos temáticos:
0 GENERALIDADES

1 FILOSOFíA
2 RELIGIÓN
3 CIENCIAS SOCIALES
4 FILOLOGÍA
5 CIENCIAS NATURALES
6 CIENCIAS PRÁCTICAS Y TECNOLOGÍA
7 ARTE
8 LITERATURA
9 HISTORIA Y GEOGRAFÍA

El sistema de Clasificación que se utiliza en la Biblioteca San Agustín, se basa en el sistema de Clasificación inventado por Melvil Dewey, el Sistema de Clasificación Decimal de Dewey. Se le llama “decimal” a este sistema, porque cada una de las 10 grandes categorías se subdivide a su vez en 10 categorías mas específicas y luego esas 10 en otras 10 aún mas específicas. Veamos el ejemplo de la categoría 5 correspondiente a Ciencias Naturales y Matemáticas.
500 CIENCIAS NATURALES
510 Matemáticas
520 Astronomía y ciencias afines
530 Física
540 Química y ciencias afines
550 Geociencias
560 Paleontología
570 Ciencias biológicas
580 Ciencias botánicas
590 Ciencias zoológicas
510 Matemáticas. Filosofía y Teoría
511 Principios Generales 512 Álgebra y teoría de los Números
513 Aritmética
514 Topología
515 Análisis
516 Geometría 517
518
519 Probabilidades y Matemáticas Aplicadas
Existen otros sistemas de clasificación bibliográfica basados en distintos criterios de agrupación de los temas o de numeración de las categorías, entre ellos se conoce la Clasificación Decimal Universal (CDU) con numeración muy parecida al DEWEY, y el sistema de clasificación de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos Library o f Congress (LC), cuya codificación o notación es alfanumérica (letras y números), no obstante el sistema Dewey (o adaptaciones del mismo ) es el mas recomendado por el Ministerio de Educación. Desde el mes de mayo del 2004 nuestros alumnos han ido incorporando dentro de su capital de habilidades y destrezas un conocimiento de utilidad práctica en el uso activo y autónomo de sistemas de información bibliotecarios. En términos concretos: nuestros muchachos van comprendiendo que el conocimiento puede ser categorizado y organizado de determinadas maneras, y al aprender algunas de las formas como se organiza este conocimiento también van descubriendo rutas de acceso al mismo. Creemos firmemente que esta es una herramienta para el “saber hacer” que les será de gran utilidad en su desempeño escolar.
POR : PROFESOR -RONALD RAMIREZ OLANO