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Suecia |
Carlos XVI Gustavo
(30-4-46) |
Silvia
(23-1
La soberanía nacional reside en el pueblo. Ésa es la columna
vertebral de la democracia. A través de la voluntad general libremente
expresada, se forma el Parlamento, encargado de hacer las leyes, y el
Gobierno, al que corresponde la gestión ejecutiva. Así
ocurre en todas las democracias rectamente entendidas, sean monarquías
o repúblicas. Pero la esencia profunde de una nación no
depende solo de la voluntad general expresada en unas elecciones concretas.
Ningún país ha sido edificado por una sola generación.
No se puede prescindir de todo el pasado. Una nación se forma
a través de los siglos y son muchas las generaciones que aportaron
su esfuerzo para desarrollarla, para hacerla más justa y má,s
libre. En una democracia profunda, también las generaciones pasadas
poseen el derecho a ser oídas. Las viejas naciones que han tenido
el acierto de conservar sus dinastías han vinculado la Monarquía
hereditaria a la continuidad histórica, como símbolo nacional
del presente y del pasado, como permanencia de la tradición en
el futuro. La ciencia política ha encontrado así una fórmula
inteligente y sutil para que estén presentes en la vida nacional
la sucesión de generaciones que escribieron la Historia del país.
La Monarquía se asienta y nutre en el sufragio universal de los
siglos.
Ciertamente, después de tantos siglos, la Institución
ha presentado formas muy diversas, según las épocas, las
razas y las diferentes geografías. Allí donde no ha sabido
reflexionar y adaptarse a las exigencias de los tiempos nuevos, ha sido
derribada. La Corona solo permanece donde resulta útil.
Símbolo de la unidad y la continuidad nacionales, poder histórico
para intervenir solo en caso de crisis extrema, con capacidad para el
arbitraje y la moderación, porque el Rey, a diferencia de otros
jefes de Estado, no ha sido elegido por una parte de los votos sino
por la Historia.
La Familia Real es o debe ser, en cierta manera, la familia de todos
los ciudadanos. Las hilanderas de la Historia, cuando alborea el siglo
XXI, no pueden tejer otros tapices que los de la voluntad popular. Porque
el Rey está para el pueblo, no el pueblo para el Rey.
En Europa existen actualmente 10 países con un sistema político
monárquico. En muchos de ellos, el monarca resulta clave para
mantener la unidad de la nación como centro aglutinador de la
concordia de las sociedades plurales de sus territorios.
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tu dijo
nada
11 Marzo 2008 | 03:19 PM